Crisis en Pakistán: renunció Musharraf y EE.UU. pierde aliado
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Abogados paquistaníes festejaron ayer en la ciudad de Multan la renuncia de Pervez Musharraf,
quien había castigado duramente al sector durante su presidencia de facto, y pisotearon
posters con su imagen.
La coalición gubernamental hostil al jefe de Estado, formada en marzo, se comprometió el 7 de agosto a lanzar un proceso de destitución contra el general retirado. Justamente se disponía a presentar la moción hoy ante el Parlamento, cuando la sorprendió el anuncio de la dimisión, que consideró un «triunfo de la democracia».
Varios colaboradores cercanos de Musharraf excluyeron la idea del exilio, mientras la prensa local se preguntaba ayer sobre un eventual acuerdo secreto que le evitaría ser procesado a cambio de la dimisión. Analistas destacaron de que es altamente improbable que el Ejército, más allá de recientes desavenencias, acepte pasivamente el juzgamiento de su ex líder.
Numerosos paquistaníes salieron a la calle, bailando y profiriendo eslóganes hostiles contra el presidente saliente en la calles de la principales ciudades del país.
A la espera de la elección de su sucesor por el Parlamento y las asambleas provinciales en un plazo máximo de dos meses, el presidente del Senado, Mohamedmian Sumro, será el presidente interino.
El gobierno estadounidense, algo distanciado de Musharraf en el último tiempo en medio de una creciente desconfianza sobre su verdadera dureza hacia los grupos extremistas, ponderó con todo el rol de valioso aliado que cumplió
Musharraf en la guerra contra el terrorismo y contra Al-Qaeda. En tanto, la Unión Europea reaccionó con cautela y Rusia dijo esperar que la salida de Musharraf no tenga «consecuencias negativas para la estabilidad» de la nación asiática.
El de la inestabilidad es, justamente, el desvelo de los analistas y de la comunidad internacional.Temores que se justifican por el carácter nuclear de Pakistán, por compartir frontera con el volátil Afganistán -un verdadero nido de terroristas talibanes y de Al-Qaeda y, acaso, santuario del propio Osama bin Laden-, por su histórico enfrentamiento con la también atómica India y por la infiltración fundamentalista en las FF.AA. y los servicios secretos. La posibilidad de que esos sectores integristas se hagan en algún momento con el poder, y con el control del arsenal nuclear, no puede descartarse.
De hecho los talibanes paquistaníes se congratularon ayer por la renuncia del ex hombre fuerte, en un país donde hay registradas casi 15.000 madrazas, escuelas coránicas de las que surgen los cuadros islamistas.




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