17 de junio 2003 - 00:00

"Cuando me enteré, quise torcerle el cuello a Bill"

Washington (El Mundo, ASN, Reuters) - «Apenas podía respirar. Jadeaba. Comencé a llorar y a gritarle: '¿Qué decís? ¿Qué significa todo esto? ¿Cómo pudiste mentirme?» cuenta Hillary Clinton en su libro «Viviendo la historia» acerca del momento en que su marido, Bill, admitió que todo lo que decía Monica Lewinsky era cierto. El texto ya vendió 600.000 ejemplares en una semana, y según la editorial Simon and Schuster, ya es rentable pese a los 8 millones de dólares que recibió la autora, lo que hace crecer los rumores de que finalmente será la candidata demócrata para competir con Bush en 2004.

En su autobiografía, la actual senadora por Nueva York se cuenta a sí misma como la niña que va de caza con su padre a la estudiante republicana y estrella de Yale, pasando por la abogada brillante y la mujer capaz de capear el temporal de la procaz Monica Lewinsky.

«Quería retorcerle el cuello» aquellos días a Bill Clinton. «Sólo el perro Buddy tenía ganas de hacer compañía a Bill». «Ni siquiera ahora consigo entender, ni lo conseguiré jamás, qué pudo haberle pasado por la cabeza». Segura, en aquel entonces, de que Bill estaba siendo calumniado «por una amplia conspiración de derecha», Hillary lo defendió en televisión en el tórrido verano de 1998. Hasta que el fiscal especial, Kenneth Starr, «con un estilo soviético», le aprieta las tuercas y Clinton confiesa, «caminando adelante y atrás» por la habitación del matrimonio.

Ahora ningún otro candidato demócrata de los que piensan desafiar a Bush en 2004 goza de tanta popularidad como ella. «No me presentaré como candidata en 2004 y tampoco en 2008».

Pero no ahorra críticas a la situación actual de Estados Unidos, la justicia cooptada por los republicanos y los medios de comunicación dependientes.

«Me disgusta que gran parte del mundo no ame a Estados Unidos. Mucha gente en todo el mundo considera a la administración Bush arrogante». En su libro, acusa al jefe de la Corte Suprema, William Rehnquist, de ser un racista y al juez Antonin Scali de haber vendido la Presidencia de Al Gore. Acusaciones fuertes para alguien que ataca a «The Wall Street Journal», no es nada diplomática con «The New York Times» y acusa a la Justicia: «Si un fiscal lo quiere, puede incriminar hasta a un bocadillo de jamón». «Soy optimista. Cuando la derecha intentó el impeachement de mi marido, el pueblo se puso de su parte y no se dejó engañar por una turbia trama bajo el aspecto de una investigación. Pero en nuestra historia hay períodos reaccionarios y extremistas. Me preocupa el clima actual, porque los hombres de Bush quieren todo el poder para su agenda de derecha. Quieren jueces conservadores para neutralizar los tribunales, como hicieron con la inaceptable decisión sobre las elecciones de 2000.

• En extinción

«Son muy poderosos y estoy francamente alarmada. La prensa libre está en vías de extinción. Sólo quedan medios vinculados con grupos económicos o políticos. En nombre de la seguridad, los derechos civiles están siendo pisoteados y se está cambiando la relación ciudadano-Estado. Se trata de un esfuerzo bien financiado y organizado para echar por tierra lo mejor de nuestra tradición. Pero, al final, abandonaremos estas posiciones extremistas. Tengo la responsabilidad de hacerlo».

Hillary cuenta su juventud de republicana de derecha, siguiendo los pasos de su padre,
Hugh Rodham, o su etapa de adolescente, recorriendo los guetos de Chicago en busca de pruebas del juego sucio electoral de Kennedy contra Nixon. Después, cita a Nixon y sonríe: «No fui yo la que dejé el partido. Fueron los republicanos los que viraron hacia la derecha». Cuando tiene que explicar por qué perdonó a Clinton hace cinco años, recuerda un paseo por la playa con Maurice Templesman, compañero de Jacqueline Kennedy: «Me dijo que la echaba tanto de menos y añadió: 'Tu marido te quiere, espero que puedas perdonarlo'».

Medio país adora a Hillary. La otra mitad la detesta. Quizás por eso, en su libro se encuentran todo tipo de Hillarys. La Hillary extremista de derecha y la Hillary que, como cualquier madre, tiene que ver a «jóvenes tumbados por el suelo» de la habitación de su hija Chelsea. La Hillary que dispara de niña y va a la caza de los patos de adulta, cobrándose una oca al vuelo.

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