13 de julio 2007 - 00:00

Curioso combate a la inflación de un dictador africano

Harare- Con lo que cuesta un plátano en Zimbabue podía comprarse una casa hace siete años. Y lo que una madre de familia puede echar a la cesta de la compra con 1,5 millón de dólares locales -límite que puede retirarse por día del banco- no da ni para calentar el estómago en pleno invierno austral.

Por ese precio pueden adquirirse 10 kilos de arroz, ocho latas de habas o cuatro pomos de dentífrico, según el recuento realizado por el semanario local «Independent». Y hace dos semanas la cosa era peor, al menos para una población que hace equilibrios para sobrevivir y no sabe de macroeconomía.

Entonces aún no había entrado en vigor la orden de Robert Mugabe de frenar por las malas la escalada de precios reduciéndolos artificialmente a la mitad y amenazando con lanzar a sus huestes contra los empresarios que incumplieran la medida. Era la receta del presidente para combatir una inflación que ha trepado hasta alcanzar niveles oficiales de 5.000%, un récord mundial que fuentes financieras internacionales aumentan incluso hasta 9.000%.

En medio del pavor de los economistas -a quienes no les dan las cuentas si se obliga a los empresarios a vender por debajo del costo de producción- Mugabe cumplió su amenaza, arrestando a 33 ejecutivos de distintas compañías del país y a otros 1.300 comerciantes y empresarios por no rebajar los precios. « Tenemos serpientes entre nosotros, en nuestra economía», declaró en junio el omnipresente padre de la patria que rige los destinos de Zimbabue desde su independencia del Reino Unido en 1980.

Poco después dio un paso más, advirtiendo contra la tentación de dejar de producir a un costo ruinoso para los propietarios de negocios: «Les digo a los dueños de las fábricas que deben producir. Si no lo hacen nos incautaremos de las empresas», aseguró, agitando el fantasma de la nacionalización contra unos industriales a los que acusa de colaborar en un complot occidental para derrocarlo. «Estoy vendiendo pan a un precio inferior del que me cuesta cocinarlo», contaba un vendedor en Harare. «No sé cuánto puede durar esto».

  • Mercado negro

    Eso mismo debieron pensar las miles de personas que se arrojaron en una loca carrera por almacenar productos de primera necesidad que ya han vaciado las estanterías de muchos supermercados. «Sé que cuando esto acabe no habrá azúcar, aceite ni jabón en las tiendas», aseguraba Kennedy Sthole, guardia de seguridad de una cadena de supermercados, al «Zimbabwe Independent».

    Pero sobre el mercado negro hay proyectados cientos de ojos. Y no son sólo los de la policía. Para combatir la especulación, el presidente Mugabe cuenta con la atenta vigilancia de las juventudes y la liga femenina de su partido, el ZANU, e incluso con los veteranos de guerra que lucharon junto a él contra el dominio blanco.

    Fue precisamente en ese combate que puso fin a la dominación británica donde el presidente maceró una fama de héroe que le ha evitado muchas críticas en otras naciones africanas, ofreciéndole bula para lanzar su campaña de expropiación de tierras a los granjeros blancos. Algo que ha contribuido a la ruina actual, al dejar las granjas de producir alimentos y dar trabajo a una población en la que cuatro de cada cinco adultos están desocupados.
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