Denuncian ahora "escuadrones de la muerte" en San Pablo
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Una calle de San Pablo,
escenario de la cruenta
guerra declarada por grupos
mafiosos, muestra restos de
sangre. Se teme ahora un
descontrol de la policía.
James Cavallaro, de la organización de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch, reclamó respeto a la legalidad y a la investigación de todas las muertes ocurridas en los enfrentamientos. «Es necesario que las fuerzas del orden actúen dentro de la ley, aun en tiempos difíciles, porque, de lo contrario, la policía se convierte en una banda más, un grupo armado actuando sin ley», dijo Cavallaro a «Folha de Sao Paulo».
En tanto, varios testimonios dieron cuenta de la actuación de civiles dentro de patrullas en barrios de la ciudad, reavivando el temor a la actuación de « escuadrones de la muerte» parapoliciales.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH, organismo autónomo de la Organización de Estados Americanos) expresó su «profunda» preocupación por la violencia y recordó la obligación de los estados de garantizar la seguridad pública y el estado de derecho dentro del pleno respeto a los derechos humanos.
Mientras continúa la polémicapor la supuesta tregua negociada entre el gobierno paulista y el PCC -que no parece ser acatada por la policía en las calles-, el gobernador Lembo admitió que hubo contactos con el jefe mafioso, Marcos Williams Camacho, alias «Marcola».
El gobernador confirmó informes de prensa que habían asegurado que la reunión se realizó el domingo a pedido de una abogada que quería cerciorarse de que el preso estaba en buenas condiciones de salud, pero insistió en que «no se celebró ningún acuerdo».
Otro líder del PCC, Orlando Mota Junior, alias «Macarrao» («Macarrón»), admitió desde la cárcel a un canal de televisión que «hubo sí una negociación». Este declaró que se suavizaron las restricciones a recreos y visitas de abogados, aplicadas a reclusos en condiciones de máxima seguridad.
La población de San Pablo reprueba la supuesta negociación con los narcotraficantes. Una encuesta de Datafolha realizada el martes señaló que 65% cree que se alcanzó un pacto y 42% reprobó que el gobierno haya negociado. El mismo sondeo da cuenta de que para 55% la responsabilidad de lo ocurrido recae en el Poder Judicial, mientrasque a nivel político las culpasse reparten entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva (39%) y el ex gobernador y actual candidato presidencial opositor Geraldo Alckim (37%). Según Lula da Silva, la violencia es «resultado de la falta de inversiones en educación» de los gobiernos precedentes. «Si hubiéramos invertido en educación en los años 70, 80 y 90, muchos de esos jóvenes presos estarían trabajando, dando clases o estudiando», dijo.
El mandatario afirmó que para contener el crimen organizado no tienen sentido «el bloqueo de teléfonos (celulares) ni la pena de muerte».
Pese a ello, su gobierno anunció ayer que las empresas operadoras de telefonía celular serán obligadas, mediante un decreto presidencial, a comprar, instalar y administrar bloqueadores de teléfonos en las cárceles. Es sabido que los líderes del PCC montaron la ofensiva narcoterrorista desde dentro de sus lugares de reclusión mediante el uso de teléfonos celulares.



