20 de marzo 2003 - 00:00

Desesperado llamado del Papa por la paz

Habló ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro y reiteró el pedido para detener la guerra en un discurso emotivo.
Habló ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro y reiteró el pedido para detener la guerra en un discurso emotivo.
Ciudad del Vaticano (ANSA) - En un último y desesperado intento por evitar la guerra, el papa Juan Pablo II invocó ayer «el precioso don de la concordia y de la paz para toda la humanidad», frente a 10.000 fieles reunidos en la plaza San Pedro para la audiencia general de los miércoles.
 
En el día en que la Iglesia festeja a
San José, el pontífice pidió al santo católico, al que definió como «hombre justo y de paz», que «en estos momentos de angustia que vive la humanidad proteja a los pueblos amenazados ahora por la guerra».

«Ruego por la paz en este momento de temor e incertidumbre, y pido que la armonía y la reconciliación se reaviven» entre los pueblos, dijo el obispo de Roma.

Estas fueron las primeras palabras de Juan Pablo II luego de que el lunes el presidente norteamericano, George W. Bush, dio un ultimátum de 48 horas a su homólogo iraquí, Saddam Hussein, para exiliarse o enfrentar una invasión de la coalición encabezada por Estados Unidos.

• Campaña

El pontífice, que cumplirá 83 años y en las últimas semanas apareció en muy buen estado físico y con una excelente dicción, está llevando a cabo una vigorosa campaña contra un ataque a Irak, considerada la más importante mediación de la Iglesia en favor de la paz desde finales de la II Guerra Mundial. El Vaticano afirmó el martes que los países que decidieron el ataque a Irak asumieron «una grave responsabilidad ante Dios y la historia», sin mencionar directamente a Estados Unidos y sus aliados.

«Quien decide que los medios pacíficos están agotados, para dar paso a la acción armada, asume una grave responsabilidad ante Dios, su conciencia y la historia», dijo el vocero vaticano Joaquín Navarro Valls.

Una declaración tan fuerte no había sido dictada ni siquiera en ocasión de las dos guerras precedentes, la del Golfo y la de Yugoslavia, comparables de algún modo a ésta y a las cuales el Papa se había opuesto, como ahora, hasta último minuto.
En el Vaticano, explicaron que las dos razones que motivaron la dura advertencia lanzada el martes por la Santa Sede fueron la pretensión de Bush de decidir en lugar de la ONU y el hecho de que el presidente estadounidense haya reivindicado que lo hacía por deber moral respecto de su propio pueblo.

El domingo pasado, el Papa había dicho: «Queda tiempo para negociar», pero el lunes Bush le replicó indirectamente afirmando que «el caso iraquí está en la decisión final, nosotros asumiremos nuestra responsabilidad».

El martes, el Papa le respondió señalando que «es una grave responsabilidad».

Todos los analistas concuerdan en señalar que la Santa Sede sale reforzada de este maratón diplomático, en el que obtuvo una enorme visibilidad mediática.

Las invocaciones a la paz hechas por el pontífice sofocaron las críticas a su conservadorismo en otras materias y contribuyen a sepultar la memoria del escándalo de paidofilia que sacudió al Vaticano el año pasado.

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