Desesperado llamado del Papa por la paz
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Habló ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro y reiteró el pedido para detener la guerra en un discurso emotivo.
En el día en que la Iglesia festeja a San José, el pontífice pidió al santo católico, al que definió como «hombre justo y de paz», que «en estos momentos de angustia que vive la humanidad proteja a los pueblos amenazados ahora por la guerra».
Una declaración tan fuerte no había sido dictada ni siquiera en ocasión de las dos guerras precedentes, la del Golfo y la de Yugoslavia, comparables de algún modo a ésta y a las cuales el Papa se había opuesto, como ahora, hasta último minuto. En el Vaticano, explicaron que las dos razones que motivaron la dura advertencia lanzada el martes por la Santa Sede fueron la pretensión de Bush de decidir en lugar de la ONU y el hecho de que el presidente estadounidense haya reivindicado que lo hacía por deber moral respecto de su propio pueblo.
El domingo pasado, el Papa había dicho: «Queda tiempo para negociar», pero el lunes Bush le replicó indirectamente afirmando que «el caso iraquí está en la decisión final, nosotros asumiremos nuestra responsabilidad».
El martes, el Papa le respondió señalando que «es una grave responsabilidad».
Todos los analistas concuerdan en señalar que la Santa Sede sale reforzada de este maratón diplomático, en el que obtuvo una enorme visibilidad mediática.
Las invocaciones a la paz hechas por el pontífice sofocaron las críticas a su conservadorismo en otras materias y contribuyen a sepultar la memoria del escándalo de paidofilia que sacudió al Vaticano el año pasado.




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