26 de noviembre 2003 - 00:00

Dinero y delación en el régimen de Saddam

Bagdad, Irak - En última instancia, después de las investigaciones secretas, los arrestos a medianoche, las genuflexiones y alabanzas para Saddam Hussein, una pasión común era lo que impulsaba a los miembros del Partido Baas de Irak en su especial oficio. Todo tenía que ver con el dinero.

En cuanto cualquiera de ellos aprehendía a un delincuente de cualquier tipo y se encargaba de su ejecución, o después de arrestar a un desertor del ejército, amputar sus orejas y ordenar que se cancelaranlas raciones de alimentos para su familia, los funcionarios del Partido Baas llenaban sus formularios por triplicado y los enviaban a las oficinas generales con una nota en la que subrayaban: Por favor, envíen mi bonificación.

Ese es uno de los hallazgos de un examen de los documentos encontrados entre los 2,5 millones de páginas halladas en recipientes subterráneos bajo el cuartel general del Partido Baas en esta ciudad, que abarcan gran parte de los registros del trabajo del partido durante una década, aproximadamente.

Los registros muestran que los funcionarios del partido frecuentemente veían al Baas como si fuera un tío rico. En diciembre de 2000, Youssef Mahmoud escribió al cuartel general del Baas, para informar: «Estoy pasando por un mal momento. Acabo de casarme y tengo muchas deudas. Por favor, mándenme 250,000 dinares» (unos 125 dólares). Un poco después, según se ve en los documentos, recibió un cheque por 75 dólares.

Kanan Makiya
, catedrático de la Universidad Brandeis y escritor, dice que encontró casualmente los registros el verano pasado, cuando trataba de salvar un monumento al fundador del partido, Michael Aflaq, que estaba programado para su demolición.

El Partido Baas era la base política de Saddam, pero creció hasta ser mucho más que eso. El partido era uno de los tres elementos del aparato de seguridad que mantenía bajo control a los iraquíes. Los otros dos eran el ejército y el servicio secreto, o Mukhabarat.

• Debate

Si se cree en los archivos, los miembros del partido investigaban a los ciudadanos comunes, y los funcionarios lograban promociones según el número de enemigos políticos a los que arrestaban y castigaban.

La ubicua influencia del partido ha trabado al país en un debate sobre lo que se debe hacer con los baasistas: si a todos los miembros de ese partido o sólo a sus funcionarios principales se les debe negar empleo en el nuevo Irak.

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