Divisiones sobre Siria dominaron la primera jornada del G-20 en Rusia
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Cristina participó de la primera reunión de trabajo de la Cumbre del G-20.
La decisión del presidente estadounidense, Barack Obama, de intervenir militarmente contra el régimen sirio de Bashar al Asad, acusado de recurrir a armas químicas el 21 de agosto, ha puesto en pie de guerra entre otros a Rusia, haciendo revivir los viejos fantasmas de la Guerra Fría.
El anfitrión del encuentro, Vladimir Putin, decidió incluir el tema de Siria en la agenda de este G20, dejando en segundo plano la agenda oficial dedicada entre otros temas a las turbulencias financieras que viven los países emergentes.
Fortalecido por el aval de la comisión de Asuntos Exteriores del Senado estadounidense, Obama llegó a San Petersburgo dispuesto a convencer a sus interlocutores de que la comunidad internacional no se puede quedar "callada" frente a la "barbarie" en Siria, como advirtió la víspera en Estocolmo.
Obama espera la luz verde del Congreso estadounidense, que reanuda sus sesiones el lunes, para llevar a cabo esta operación militar, en la que también participaría Francia, contra el país árabe cuyo régimen está acusado del supuesto ataque con armas químicas que el 21 de agosto mató a centenares de civiles.
"Ni el Parlamento ruso ni el Congreso estadounidense pueden adoptar la decisión" de atacar a Siria, advirtió el Kremlin para el que según la "legislación internacional, este tipo de decisiones no son legítimas".
Putin y los numerosos partidarios de buscar una solución política se han encontrado con un aliado potente: el papa Francisco escribió al presidente ruso para instarle a que los líderes abandonen el "vano afán" de una solución militar en Siria.
El Vaticano reunió este jueves a los embajadores del mundo entero para explicarles la posición del Papa, lo que supone la mayor ofensiva diplomática que emprende la Santa Sede desde la puesta en marcha por Juan Pablo II hace diez años contra la invasión de Irak por la coalición liderada por Estados Unidos.
Los dirigentes europeos presentes en San Petersburgo se reunieron antes de la cena de trabajo, informó una fuente francesa. Además de Hollande, participaron en el encuentro mandatarios de la Unión Europea, Gran Bretaña, Alemania, Italia y España.
De momento no está prevista ninguna reunión entre Putin y Obama más allá de los saludos protocolares que anfitrión e invitado se han visto obligados a realizar. Un relajado Obama saludó con una amplia sonrisa a Putin a su llegada al Palacio Constantino, en la isla Strelna, a 15 km al suroeste de la antigua capital imperial rusa.
Las relaciones entre ambos no pasan por su mejor momento desde que Moscú concedió asilo político al exconsultor de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) estadounidense Edwar Snowden, que reveló un masivo programa de espionaje. Obama canceló una visita de Estado a Moscú previa a este G20.
Por otra parte, también se espera la llegada a la antigua capital imperial rusa del mediador internacional de la Liga Árabe y de la ONU para Siria, Lajdar Brahimi, y del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, para promover una conferencia de paz sobre Siria cuya guerra civil ya se ha cobrado más de 100.000 muertos en dos años y medio y ha dejado más de dos millones de refugiados, según la ONU.
Siria ha ensombrecido la agenda del G20, centrada en los países emergentes y las turbulencias que viven a causa del éxodo de capitales por el inminente fin de la política monetaria de estímulos de la Reserva Federal estadounidense para luchar contra la crisis financiera.
Los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que habían pedido a los países ricos que coordinaran el fin de las políticas anticrisis para evitar los bruscos movimientos financieros que socavan su crecimiento y están devaluando sus monedas, recibieron la garantía de Obama de que Estados Unidos modificará gradualmente su política monetaria de estímulo.





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