Dos esclavas sexuales del Estado Islámico recibieron el Premio Sájarov
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Nadia Murad y Lamiya Aji Bashar.
El 3 de agosto de 2014, la organización terrorista asesinó a todos los varones de Kocho, el pueblo natal de Aji Bashar y Murad, situado en la provincia iraquí de Sinjar. "Tras la masacre, las mujeres y los niños del pueblo fueron capturados y esclavizados: todas las mujeres jóvenes, incluidas Aji Bashar, Murad y las hermanas de ambas, fueron secuestradas, vendidas en varias ocasiones y utilizadas como esclavas sexuales", escribe el Parlamento Europeo.
Durante la matanza de Kocho, Murad perdió a seis de sus hermanos y a su madre, que fue asesinada junto con otras 80 mujeres mayores que los terroristas consideraron sin valor sexual. Aji Bashar fue vendida cinco veces por los terroristas y obligada a fabricar bombas y chalecos suicidas en Mosul.
Finalmente logró escapar en noviembre de 2014 con ayuda de una familia vecina que la sacó clandestinamente de la zona controlada por el EI. Logró llegar hasta un campo de refugiados del norte de Irak y desde ahí viajar a Alemania. En octubre de 2016, el Consejo de Europa la distinguió con el Premio Václav Havel a los Derechos Humanos.
Aji Bashar trató de escapar varias veces hasta finalmente conseguirlo el pasado abril con ayuda de su familia, que pagó los servicios de transportistas clandestinos locales. Al poco de atravesar la frontera kurda, explotó una mina que mató a dos conocidos y la dejó a ella malherida y casi ciega.
Sin embargo, pudo continuar su huida y fue enviada más tarde para recibir tratamiento médico a Alemania, donde se reuniría con sus hermanos y hermanas supervivientes. "Desde su recuperación, Aji Bashar ha promovido activamente la sensibilización frente al sufrimiento de la comunidad yazidí y hoy sigue ayudando a las mujeres y los niños víctimas de la esclavitud y de las atrocidades del Daesh", subraya el Parlamento.
Entre los anteriores ganadores del Premio se cuentan el ex presidente sudafricano Nelson Mandela y la dirigente política Aung San Suu Kyi, de Myanmar. El año pasado lo recibió el bloguero saudí Raif Badawi, encarcelado y castigado con latigazos tras ser condenado por insultar al islam.




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