En Estados Unidos están a punto de flexibilizar las normas sobre tenencia de medios de comunicación. Se habían limitado los medios que se podían poseer en cada ciudad o área, desde la década de 1930, para frenar monopolios. Por ejemplo, nadie puede tener una radio o televisión con más alcance que 35% del país (en la Argentina es ilimitado). Prácticamente, imponía no menos de 3 cadenas nacionales fuertes por el límite. Este se subirá a 45%, o sea que puede haber dos fuertes que concentren 90% y 10% para el resto del mercado entre las más chicas. Como toda norma nueva, la probarán dos años. Lo mismo en permitir dos televisoras o radios en una misma ciudad.
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Ted Turner dijo que con esto nuevo «se cerrará el paso a pequeños empresarios de prensa». Quienes amplían se basan en que muy buenos programas sólo se dan por cables pagos por las limitaciones en la televisión abierta para lograr empresas más poderosas. Por eso, les dan más área, aun a riesgo de monopolio.
¿Qué pasaría en laArgentina? Es cierto que los sectores poblacionales más bajos que no pagan cable se pierden en nuestra televisión buenos programas culturales.Al público en general lo están abarrotando de «teleteatros» superficiales y programas de la llamada «televisión basura». Suele decirse que «el que quiere cultura que se pague un cable». Así nos va.
Pero en la Argentina, a diferencia del cuidado de Estados Unidos (resolver los cambios llevó 70 audiencias de discusión), el peligro de los monopolios es mayor porque no están sustentados en la expansión natural posible en los mercados sino en tropelías como empresarios con créditos de bancos oficiales, o que hacen lobby para sacar leyes del Congreso, o violan normas y leyes. El financiamiento generalmente ilegítimo crea compromisos que desvirtúan la información, más si son compromisos adquiridos hacia los gobiernos.
El monopolio «Clarín» «lobbió» legisladores, sobornó a jueces y, cuando necesita algo del gobierno -como ahora-, habla en sus páginas del «glamour» de Néstor Kirchner, del «estilo K», y cae en lo que criollamente se llama «felpudismo».
Es un desquicio la Argentina sin límites reales, aunque muy tibiamente hay algunos en la ley, como para que nos alcancen esas afanosas búsquedas de perfeccionamiento de la libertad del país del Norte.
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