8 de marzo 2007 - 00:00

EE.UU. debe dar más que Venezuela

Aunque nadie quiera reconocerlo públicamente, uno de los principales objetivos del viaje que iniciará mañana George W. Bush por Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México es pelearle a Hugo Chávez la influencia en América latina. Así lo sostiene el editorial de ayer de "The Washington Post", que recomienda a la Casa Blanca dar prioridad a la región, sobre todo en lo que respecta a los países "más importantes", entre los que no cuenta a la Argentina. En todo caso, cita a nuestro país como un ejemplo privilegiado de la "compra" de apoyos que el venezolano viene haciendo en la región. Veamos.

La gira del presidente Bush por América latina estará ensombrecida por Hugo Chávez en más de una manera. El viernes, cuando Bush visite Uruguay, el presidente venezolano aparecerá en acto masivo al otro lado del Río de la Plata en la Argentina, donde intentará ahogar a su rival estadounidense. Chávez ha pagado bien su estrado en Buenos Aires: usó los petrodólares de Venezuela para comprar u$s 1.500 millones de deuda argentina, permitiendo al presidente izquierdista Néstor Kirchner librarse del Fondo Monetario Internacional.

Bush parece entender que confrontar con Chávez, en palabras o de otra manera, sería proveer a éste el enemigo estadounidense que anhela.

Cuando no se le responde, la retórica del venezolano tiende a convertirse en un búmeran: las encuestas demuestran que los niveles de popularidad de Chávez en América latina son tan bajos como los de Bush. El deber de Bush es demostrar que los que opten por una alianza con Estados Unidos y el mundo democrático se beneficiarán más que la variopinta colección de aliados de Venezuela, encabezada por Cuba e Irán.

El presidente dio un paso en esa dirección el lunes al pronunciar un discurso en el que anunció varias nuevas iniciativas de ayuda por encima de los u$s 1.700 millones ya presupuestados para la región. Un buque hospital militar viajará por el Caribe, compitiendo con los médicos cubanos que recorren la región a expensas de Venezuela. Más becas serán ofrecidas a estudiantes necesitados para formarse en Estados Unidos y se lanzarán programas de vivienda. Son pasos positivos, pero modestos. Lo que también se necesita son iniciativas importantes de EE.UU. para fortalecer las relaciones con los mayores y más importantes países latinoamericanos: Brasil, México y Colombia.

Bush no está haciendo lo suficiente todavía para dar a esos países lo que más desean de Washington. Brasil, por ejemplo, querría una baja de las barreras comerciales de EE.UU. Pero mientras Bush se una con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva en una interesante iniciativa común para desarrollar los biocombustibles, lo que no hará es apoyar el retiro del arancel sin sentido a las importaciones de etanol producido a partir de la caña de azúcar brasileña. La administración está negociando con los demócratas en el Congreso el paso de importantes acuerdos de libre comercio con Colombia, Perú y Panamá, pero hace falta una mayor implicación presidencial para promoverlos. De manera similar, las buenas relaciones con México dependen de reforma migratoria racional y humana: la Casa Blanca ha respaldado los elementos correctos, pero nunca ha trabajado para su promulgación.

Bush nunca ganará una guerra retórica con Chávez. Pero Estados Unidos debe poder ofrecer más que Venezuela a los latinoamericanos que esperan la mejora social y económica. Seis años después de que Bush prometiera hacer de la región una prioridad de su presidencia, no es demasiado tarde para actuar.

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