18 de enero 2002 - 00:00

EE.UU. extiende su brazo militar

Nueva York - «Tenemos demasiadas tropas en demasiados lugares en los que no están en juego los intereses americanos.» Palabras de George W. Bush antes del giro copernicano del 11-S. El presidente del «gran repliegue» es ahora el comandante en jefe del «nuevo intervencionismo»: la presencia del ejército estadounidense en el mundo es probablemente la más ubicua desde la II Guerra Mundial.

El pulpo estadounidense se extiende por más de 140 países de los cinco continentes, y la guerra contra el terrorismo está sirviendo para reforzar sus tentáculos, como nunca antes, en Asia y Africa. La Operación Libertad Duradera ha forzado al Pentágono a tender puentes con países tan oscuros como invisibles para la mayoría de los estadounidenses: Uzbekistán, Kirguizistán, Azerbaiján, Armenia. Y eso por no hablar de Pakistán y del futuro Afganistán.

El sigiloso desembarco de esta semana en Filipinas -una década después de que George Bush padre presidiera la retirada simbólica de las bases estadounidenseses el presagio de una ofensiva de largo alcance en el sudeste asiático, con Singapur como base de operaciones e Indonesia como próximo objetivo. (Ayer un primer contingente de soldados se instaló en una isla del sur filipino en espera de que se complete una fuerza de 65 hombres destinada a entrenar al ejército local en la lucha contra la guerrilla musulmana.)

Los aviones de reconocimiento norteamericanos peinan las costas de Somalia y calibran si ha llegado el momento de tomar el toro por el Cuerno de Africa. Y el Pentágono, entretanto, refuerza su colaboración con Colombia y cede 16 Black Hawks y 33 helicópteros de transporte, entre rumores de una posible implicación más allá de la guerra contra la droga (ver aparte).

Mientras, el ejército más poderoso del planeta reaviva sus lazos con sus aliados europeos, utiliza sus bases como nunca desde la Guerra del Golfo y les pide que cubran su única retirada: Bosnia.

El terremoto geoestratégico ha convertido a Rusia en nuevo aliado contra el terror, y todo es posible ahora bajo el paraguas de Bush y Putin, incluido un paso a dos entre Moscú y la OTAN.

China ha quedado a merced del pulpo norteamericano, condicionada por sus propios intereses comerciales. Irán se siente acechada de pronto por el dominó de aliados proamericanos en el centro de Asia. Irak cuenta los días que faltan para un más que probable ultimátum.

•Conversión

George W. Bush, que durante la campaña electoral culpó a Clinton de embarcar a EE.UU. en innecesarias aventuras extranjeras, se ha convertido en cuestión de cuatro meses en adalid del renovado internacionalismo de Norteamérica.

En un reciente informe, con la excepción de gran parte de Africa, el Pentágono identifica «intereses vitales para la seguridad de América» en casi todos los puntos del planeta.

«La presencia global del ejército norteamericano es la más penetrante de toda su historia», admite a la agencia «AP» el analista militar John Pike. El 11-S no sólo ha servido para «despertar» al gigante militar; también para enterrar radicalmente los viejos preceptos de las relaciones internacionales. «La campaña de Afganistán nos ha enseñado que es importante mantener relaciones con países oscuros que pueden sernos de gran necesidad el día de mañana», ha declarado la consejera de Seguridad,
Condoleezza Rice.

Los analistas advierten que el «nuevo intervencionismo», con el terrorismo islámico como telón de fondo, puede estar alimentando una nueva e imprevisible oleada de antiamericanismo. La ofensiva de Bin Laden, recuerdan los expertos, comenzó con la instalación del ejército norteamericano en Arabia Saudita como consecuencia de la Guerra del Golfo.

Ayer viajaba hasta Arabia Saudita el máximo experto militar del Departamento de Estado,
Lincoln Bloomfield, para estrechar los lazos con el controvertido aliado y asegurar que los 5.000 soldados norteamericanos seguirán montando guardia permanente en una base militar cercana a Riad.

Colin Powell pedía al presidente Musharraf una prórroga para mantener la presencia norteamericana en las bases de Pakistán. En su nuevo papel de gran pacificador mundial, Powell se ha ofrecido como mediador en el conflicto con la India por la región de Cachemira.

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