EEUU, más cerca de atrapar a Bin Laden
Mientras Estados Unidos confía en que el arresto de Osama bin Laden está cada vez más cerca gracias a las pruebas encontradas en poder del número tres de Al-Qaeda, George W. Bush impulsa la creación de un tribunal especial al estilo Nuremberg para juzgar a los dirigentes de la agrupación terrorista. Por su parte, la agente del FBI que alertó sobre los atentados del 11 de setiembre, denunció que la policía federal no está preparada para un eventual ataque terrorista en respuesta a la guerra contra Irak.
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Según testimonios aportados por los lugareños, desde el fin de semana pasado, aviones estadounidenses arrojan volantes en lengua pashtún en los cuales se ofrece una recompensa de 25 millones de dólares a quien entregue a Bin Laden.
Por su parte, durante una entrevista difundida ayer en CNN, el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, confirmó que las autoridades de ese país tienen ahora «pruebas» de que el líder de Al-Qaeda está vivo, pero agregó que no considera que Bin Laden esté en condiciones de ocultarse en una gran ciudad, como lo hacía Mohammed.
Luego de eludir el cerco que le habían tendido las tropas estadounidenses en Tora Bora, Afganistán, en diciembre de 2001, Bin Laden logró permanecer prófugo y sin que se tuvieran rastros suyos.
Desde entonces, nadie lo vio personal-mente, aunque el líder de Al-Qaeda hizo esporádicas apariciones a través de cintas grabadas, en las cuales amenazó a los Estados Unidos de que sufriría nuevos atentados.
Tras la guerra de Afganistán, numerosos partidarios de los talibanes y de Al-Qaeda habrían encontrado refugio en el oeste de Pakistán, una región volcánica montañosa y de difícil acceso al norte de Peshawar.
Conocida por el nombre de «Región tribal federalmente administrada», esta zona fue entregada al control de las tribus pashtunes y jefes de clan. Zona de contrabando de armas y escondite de laboratorios de heroína, allí reina la más absoluta anarquía.
El ejército paquistaní les prohibió a los periodistas extranjeros ingresar en ella por temor a que terminen con la garganta cortada, como le ocurrió al reportero de «The Wall Street Journal», Daniel Pearl, secuestrado y asesinado en enero de 2002 en Karachi por partidarios de Al-Qaeda.




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