El aparato colorado lucha a muerte para retener el poder

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Asunción - El hombre no les teme a las apuestas de alto riesgo. Con hiperactividad y no sin cierta desmesura, ha logrado robarles el centro de la escena a los candidatos presidenciales, hecho meritorio considerando los atractivos mediáticos que exhiben tanto Blanca Ovelar, primera mujer con posibilidades de llegar a la presidencia del Paraguay, como Fernando Lugo, ex obispo católico, y Lino Oviedo, ex general convicto por intento de golpe.

Pero el actual presidente paraguayo, Nicanor Duarte Frutos, de él se trata, parece estar librando una batalla personal en la que no ahorra recursos. Ha subido peligrosamente la apuesta con sus durísimas denuncias contra la o p o s i t o r a Alianza Patriótica para el Cambio, que lidera Lugo, favorito en las e n c u e s t a s .

Duarte llegó al extremo de asegurar que los seguidores del ex obispo están haciendo acopio de explosivos para desatar la violencia en caso de perder las elecciones. ¿Desesperación o conocimiento profundo de la psicología de sus compatriotas, poco adeptos al cambio y amantes del statu quo? Asusten o no al electorado, esas denuncias contribuyen a reforzar la idea de que el oficialismo es capaz de todo con tal de no dejarse arrebatar el poder. Reaviva en la memoria colectiva la omnipotencia del coloradismo, relativizando los pronósticos de cambio. Si se suma el hecho de que las encuestas muestran un adelgazamiento del margen de ventaja de Lugo, que fue pasando de 10 puntos a 6 o 5 actualmente, se instala la sensación de que el resto lo hará la larga gimnasia del aparato partidario y estatal del coloradismo en este tipo de contiendas.

En todo caso, Duarte Frutos no es tímido a la hora de apostar. Su primera jugada audaz fue la habilitación electoral del ex general Lino Cesar Oviedo, quien purgaba una pena de 10 años de prisión por intento de golpe en 1996. La apuesta -ganada-fue dividir a la oposición, pero Oviedo no sólo le saca votos a la Alianza de Lugo. El ex general surgió del riñón del coloradismo y sólo tras una interna sangrienta que, a fines de los 90, incluyó el asesinato de un vicepresidente y la destitución de un jefe de Estado, transformó su corriente interna en un nuevo partido.

Duarte logró, por lo tanto, lo que buscaba: salir de la polarizaciónque favorecía al ex obispo,pero Oviedo trepó en intención de voto más de lo previsto, al punto de comprometer también las chances de Blanca Ovelar, la candidata del coloradismo oficial.

Y ésa justamente fue la segunda apuesta personal de Duarte Frutos: imponerle a un partido tan tradicional la figura de una mujer nada menos que para ocupar la primera magistratura.

La oposición no se ha privado de señalar que con Ovelar presidente, otros manejarán los hilos del poder.

Casi como un Vladimir Putin sudamericano (el presidente ruso nombró a su sucesor e hizo más campaña que él), Duarte está omnipresente en estos días: no sólo porque es candidato a primer senador, sino porque evidentemente está empeñado en preservar la hegemonía, aun a riesgo de opacar a su propia candidata y darles la razón a los opositores.

Electo en 2003, Nicanor Duarte Frutos había despertado esperanzas al presentarse como un renovador. Hizo adoptar al Partido Colorado la doctrina social humanista y se puso a tono con el resto de la región rechazando el ALCA y hasta intentando un acercamiento a la Venezuela de Hugo Chávez (en parte para evitar que éste financiase a la oposición).

Su gestión no trajo mejoras significativas en el combate contra la corrupción y la pobreza, aunque Paraguay creció en los años de su mandato a un promedio de 5,5%. Pero es un crecimiento basado en la exportación de materias primas con escasa transformación (soja y carne) y que ha generado poco empleo.

Tras fracasar en el intento de reformar la Constitución para poder disputar un segundo mandato, Duarte se muestra decidido a conservar la mayor cantidad posible de resortes de poder. En 2006, logró que un fallo de la Corte lo habilitase para ejercer simultáneamente la jefatura del partido y del gobierno, contra lo establecido por la ley. Cuarenta mil paraguayos marcharon en protesta por esa decisión, en marzo de 2006. Al frente, iba Fernando Lugo, entonces todavía obispo, en lo que fue su estreno en política.

Vladimir Putin también se ha hecho designar jefe de su partido, Rusia Unida. Pero el mandatario ruso, además, hizo que su sucesor, Dimitri Medvedev, lo nombrase primer ministro, ni más ni menos. Resta ver entonces si Nicanor Duarte se animará a hacer que Blanca, en caso de triunfar, lo incluya en su gabinete.

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