El Papa en EE.UU.
En sus más de siete años de gobierno, George W. Bush nunca había recibido a un jefe de Estado extranjero en el aeropuerto de Washington. Hasta ayer, con la llegada de Benedicto XVI. La visita de alto perfil del Pontífice tiene profundas implicancias. Bush obtendrá una contundente condena del terrorismo y del extremismo, sobre todo los de cuño islamista, y el cierre de las heridas por la oposición de Juan Pablo II a la guerra en Irak. Benedicto XVI, en tanto, consolidará su aura de autoridad moral desde el país que más influye desde lo mediático en el mundo. Y, puertas adentro, atenderá la crisis por los escándalos de paidofilia.
-
Un multimillonario indio quiere rescatar a los "hipopótamos de Pablo Escobar" y llevarlos a la India
-
Adorni y Monteoliva encabezaron un operativo de destrucción de droga
Benedicto
XVI y
George W.
Bush ayer,
en la llegada
del Papa a
Washington.
La visita de
seis días
será seguida
de cerca por
una multitud
de custodios.
Benedicto XVI añadió que «cuando leo las historias de las víctimas me parece imposible entender cómo pudo suceder que un sacerdote traicione su misión de dar aliento y el amor de Dios a estos niños». «Ahora tenemos que hacer todo lo posible para que esto no vuelva a pasar», señaló.
El Pontífice explicó que para evitar casos como éstos, la Iglesia actuará en varios niveles: «Poniendo reglas, reconciliándose con los católicos y con una buena formación de los sacerdotes». Antes de profundizar en esos tres niveles, Benedicto XVI subrayó que se refería a la pedofilia y «no a la homosexualidad».
La portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, no descartó ayer en su rueda de prensa diaria que el asunto figure en la conversación que mantendrán hoy en el Despacho Oval Bush y el Papa, aunque indicó que la agenda tiene otras prioridades.
Entre ellas, citó los derechos humanos, la tolerancia religiosa y la necesidad de colaborar para combatir las ideologías extremistas. Bush también se interesará por el trabajo papal en la promoción del diálogo entre las distintas confesiones. La situación en el Líbano completa, según Perino, la agenda prevista entre ambos.
Antes de su reunión en el Despacho Oval, Bush y la primera dama recibirán al Papa con una ceremonia de bienvenida en los jardines de la Casa Blanca en la que se esperan entre 9.000 y 12.000 personas.
Benedicto XVI «oirá del presidente que EE.UU. y el mundo necesitan escuchar su mensaje, que Dios es amor, que la vida humana es sagrada, que todos debemos guiarnos por la ley moral común y que todos tenemos la responsabilidad de cuidar de nuestroshermanos que lo necesiten, en casa y en todo el mundo», declaró Perino.
La Casa Blanca tiene previsto también ofrecer una cena en honor del Pontífice, que hoy cumple 81 años, y a la que están invitados líderes católicos. Pero el Papa no estará presente porque participará en una reunión con los obispos estadounidenses.
La estancia del Obispo de Roma en Washington se completa con una misa en un estadio de béisbol ante 45.000 personas, una reunión con representantes de otras confesiones y otra con personalidades del mundo universitario católico.
En Nueva York, el Papa visitará la sede de la ONU, ofrecerá otra misa y celebrará un encuentro con los jóvenes. También, entre otros actos, acudirá a la «zona cero», donde tuvieron lugar los atentados del 11 de setiembre de 2001.
La visita papal está rodeada de impresionantes medidas de seguridad, que se complican por la necesidad de combinar su protección con las exigencias de acceso del público a los actos.
Además de contar con la protección de los servicios secretos y de las unidades policiales de Washington y Nueva York, el Papa viaja con su propio equipo de seguridad.



Dejá tu comentario