El partido heterogéneo en el que sobran jefes
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Lograr que todos los liberales se agrupen tras Kerry es el objetivo de la convención que empieza hoy en la ciudad de Boston, tradicionalmente un feudo demócrata.
A principios del siglo pasado los estados empezaron a organizar primarias para evitar que el aparato de los partidos nombrara a dedo a los candidatos. Ahora perdieron bastante de ese valor definitorio.
En cualquier caso, una convención demócrata es más divertida que una republicana. Porque entre los republicanos sólo hay una división -conservadores y ultraconservadoresmientras que el Partido Demócrata es, como lo ha llamado Ted Hasteal, el director del centro de estudios New America Foundation, el Partido de los Jefes. Porque hay muchos jefes y muy pocos indios.
Frente a los republicanos, unificados en torno a un credo básico consistente en «Dios, patria e impuestos bajos», el Partido Demócrata es una coalición de grupos heterogéneos que persiguen intereses contrapuestos.
Como ha señalado Hasteal, entre los demócratas hay «sindicatos del sector público, sindicatos del sector privado, ecologistas, minorías raciales, Hollywood, abogados especializados en casos multimillonarios de ciudadanos contra empresas, la tercera edad, los homosexuales, libertarios, proabortistas y buena parte de Wall Street».
A esos grupos hay que sumar una parte de los ultraconservadores blancos del sur, aunque esos se están yendo en masa al Partido Republicano. El senador demócrata del estado sureño de Georgia, Zen Miller, por ejemplo, está haciendo campaña para conseguir la reelección de George W. Bush.
Con semejante electorado, no hay forma de hacer política. Lo que cualquier candidato demócrata diga para complacer a una parte de sus votantes, irritará irremediablemente a otra.
Si apoya a los hispanos molestará a los negros, si defiende la apertura comercial recibirá aplausos (y dinero) de Wall Street, pero los sindicatos le declararán la guerra, si apoya a los sindicatos irritará a los inmigrantes, si opta por proteger el aborto las feministas y el ala izquierda del partido lo apoyarán, pero los católicos, los hispanos y el sur lo odiarán.Y así sucesivamente.
La solución es que cada vez más los demócratas se están yendo al centro, como una forma de aplacar a todos.
Por ahora, el candidato demócrata ha logrado mantener unida a su heterogénea familia, aunque eso se debe más al rechazo que provoca el presidente George W. Bush que a sus condiciones de liderazgo.




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