Miles de campesinos indígenas coparon ayer la ciudad de La Paz. Las marchas fueron más nutridas y violentas.
La Paz (enviado especial) - La localidad de El Alto es hoy epicentro de los reclamos por la nacionalización de hidrocarburos, a la vez que exhibe más que ninguna otra ciudad el amplio abanico de los sectores indigenistas y de izquierda que dominan la escena en Bolivia.
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Todo lo que allí ocurra repercute en forma directa en La Paz. El Alto, ubicada cuatrocientos metros por encima de la capital administrativa de Bolivia, tiene un valor estratégico por ser sede del aeropuerto internacional, por lo que una parte del abastecimiento de la región depende de lo que decidan las organizaciones sociales de esa localidad. El titular de la poderosa Federación de Juntas Vecinales (Fejuve), Rafael Mamani, ratificó anoche que hoy continuará «el paro cívico movilizado» y que esa medida es indefinida. Si a eso se suma que los gremios de aeronavegantes decretaron un cese total de actividades, La Paz estará hoy virtualmente aislada, lo que no ocurrió ayer, cuando sólo American Airlines había suspendido sus vuelos.
Las columnas alteñas comenzarán a bajar hacia La Paz desde las 8 de la mañana, repitiendo lo que en los últimos meses es casi un rito. Ayer por la mañana, se vivieron momentos de violencia cuando algunos de los precarios comercios fueron atacados por manifestantes, mientras el tránsito en la ruta que une ambas localidades estaba demorado por diversos piquetes, y algunos colectivos fueron apedreados.
• Población
En El Alto, que pertenece al departamento de La Paz, viven 649.000 habitantes según datos oficiales, aunque esa cifra podría superar los 800.000, indican estimaciones de distintas organizaciones.
El nivel de pobreza se acerca a 75% de la población y la precarización laboral es extrema, lo que se puede comprobar al transitar sus calles, repletas de comercios informales por artículos de bajo monto. La Fejuve aparece como una de las entidades más representativas, aunque en rigor no es fácil encontrar un liderazgo claro.
La Central Obrera Regional, que dirige Roberto de la Cruz, suele encabezar los reclamos más radicalizados, pero algunos ponen en duda su real representación.
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