18 de abril 2005 - 00:00

El presidente del giro tardío

Quito - Cuando al día siguiente de ganar las elecciones, el coronel Lucio Gutiérrez colgó el uniforme de combate para comparecer en público ataviado de traje y corbata, los estrategas del Departamento de Estado norteamericano se permitieron albergar una luz de esperanza.

El flamante estadista de 48 años parecía cuadrar con el retrato robot del brasileño Lula da Silva: un político que arranca con lemas incendiarios y que después de ceñirse la banda presidencial se encarga de apagar las llamas. Durante la campaña que antecedió a los comicios de 2002, Gutiérrez difundió un programa explosivo. En tono marcial, prometió sentar en el banquillo de los acusados a todos los políticos sospechosos de corrupción. Criticó con vehemencia el plan Colombia, una iniciativa norteamericana para combatir el narcotráfico y el proyecto -también made in EE.UU.- de establecer el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). La trayectoria del ecuatoriano tampoco era como para lanzar las campanas al viento. Recién ascendido de rango, en 2002, tomó las riendas de la rebelión que iniciaron los sectores más empobrecidos para desalojar del palacio Carondelet a Jamil Mahuad, líder del partido Democracia Popular.

La junta que formó para purgar los vicios de la extinta administración duró un día; lo que tardó el general Mendoza en enviarlo a la cárcel y pactar con los partidos tradicionales la restauración del antiguo régimen. Agraciado con la amnistía que le concedió el presidente Gustavo Noboa, nuestro personaje se retiró del ejército y dos años más tarde, se postuló a la presidencia a la cabeza de una alianza conformada por su partido, Sociedad Patriótica 21 de Mayo, y el Movimiento Indígena Pachacutik.

Una vez instalado en el poder, el tercero de los seis hijos de un agricultor quiteño, experimentó una asombrosa metamorfosis: entabló un diálogo sosegado con EE.UU. y con el FMI y fomentó las inversiones extranjeras. El oficial más brillante de su promoción, el eximio ingeniero civil y pupilo sobresaliente de la Academia de Defensa de Washington se había impuesto sobre el caudillo bolivariano.

Este giro motivó que los indígenas abandonaran el gobierno, acusando al ex aliado de traición.

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