El retorno del eterno "Cavaliere"
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Silvio Berlusconi, inoxidable a sus 71 años, iniciará su tercera gestión como primer ministro de Italia. En el último medio siglo fue el único capaz de completar el mandato de cinco años.
Hijo de un banquero de clase media, perdió su sitial como el hombre más rico de Italia, pasando a ser el tercero con una fortuna que la revista estadounidense «Forbes» calcula en casi 12.000 millones de dólares.
Construyó su imperio desde muy joven y cerca del poder, cuando con apenas 25 años fundó su primera constructora, Cantieri Riuniti Milanese, y se adjudicó varias obras públicas en la zona de Milán.
Tras amasar una fortuna, desembarcó en política con la creación, en diciembre de 1993, de Forza Italia, un partido que, apoyado en consignas simples y el poder de sus canales de televisión, logró alcanzar el gobierno. En menos de dos meses y con una campaña en la que prometió administrar el Estado como si fuera una de sus prósperas empresas, obtuvo una aplastante victoria frente al centroizquierda en las elecciones de marzo de 1994. Sin embargo, aquella experiencia terminó mal, entre los problemas judiciales, la falta de confianza de sus aliados de la entonces separatista Liga Norte y la dureza de una oposición implacable.
Tras ese corto período, y mientras sus empresas crecían geométricamente, también lo hacían los procesos judiciales en su contra, hasta el punto de que entre 1996 y 2000 llegó a tener abiertos cinco juicios a la vez. Sin embargo, nunca pisó la cárcel, ya que todas las causas terminaron en absolución, prescripción del delito o una maraña de interminable burocracia judicial, algunas de las cuales prosiguen sin éxito hasta hoy.
El tiempo ha pasado y Berlusconi ya no es el de antes. Se lo ve más tranquilo y menos explosivo, acaso consciente de que la situación económica del país no da para grandes promesas.




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