Si las encuestadoras y los medios de comunicación de Estados Unidos pecaron de algo durante el escrutinio del martes, fue de excesiva cautela. Las cadenas de TV se negaban a hacer proyecciones sobre los estados calientes, como Florida, aun cuando se llevaba escrutada casi la totalidad de las mesas y la ventaja de George Bush trepaba a cinco puntos. La excepción a esta regla fue el encuestador John Zogby, de buena reputación en su país, quien apenas cerraron los comicios vaticinó un triunfo de John Kerry con 311 electores.
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Llegaba a esta conclusión al darle como propios los estados de Florida y Ohio, lo que, se comprobó, no resultó así en la realidad. Es más, una filtración de su «boca de urna» provocó una ligera caída de Wall Street sobre el cierre. Ayer, como toda explicación, publicó una carta en su sitio de Internet en la que señala: «Sentimos con fuerza que nuestras predicciones eran precisas», aunque admite que en esos dos estados «estaban dentro de los márgenes de error». ¿Para qué se los adjudicó al demócrata, entonces?
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