Elecciones en EEUU: para muchos votantes, Obama sigue siendo un misterio
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Desde su ingreso a la Casa Blanca, en enero de 2009, la intervención del Estado para salvar la economía ha sido gigantesca.
Igual crítica le endosaron debido a su reforma regulatoria del mercado financiero estadounidense.
El republicano Newt Gingrich, potencial candidato para las presidenciales de 2012, aseguró recientemente que la "máquina socialista y laica" de Obama socava los valores estadounidenses.
Frente a los conservadores que lo califican de "radical", muchos en sus filas lamentan que el cambio no haya sido más profundo.
Algunos deploran que el presidente siga sin avalar una derogación de la ley que exige a los militares ocultar su orientación sexual y ampara la expulsión de los homosexuales que se manifiesten como tales. Otros le reprochan que el centro de detención de la base naval de Guantánamo siga funcionando.
Y hay correligionarios que reclaman a Washington la publicación de las pruebas sobre supuestas torturas perpetradas por agentes del anterior gobierno, en el marco de la "guerra al terrorismo" declarada por Bush tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, reivindicados por la red integrista Al Qaida.
Frente a la decepción de la franja más a la izquierda dentro del Partido Demócrata, los independientes, que habían respaldado la candidatura de Obama en 2008, desertan en masa, según los sondeos.
La historia de Estados Unidos muestra que los electores se dejan seducir por los candidatos del cambio, pero luego les cuesta asimilar cuando esas transformaciones tienen lugar, señaló el politólogo Andrew Dowdle, de la Universidad de Arkansas.
"Los políticos que emprenden cambios profundos suelen terminar enfrentados a una reacción negativa contra esas medidas", aseguró.
Los sondeos de opinión prevén una dura derrota para el oficialismo, que perderá la mayoría en la cámara de diputados y verá recordado su control en el Senado, donde hasta ahora pudo neutralizar el obstruccionismo republicano.
Según las encuestas, los republicanos podrían sumar a su bloque una ganancia neta de entre 50 y 60 bancas en la cámara baja (más que suficientes para quedarse con la mayoría) y entre seis y ocho en el Senado, adonde dejarían a los demócratas con un control estrechísimo, vulnerable a las maniobras de bloqueo.



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