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El "Sí" se impuso con más del 60% de los votos.
No en vano, la "vuelta de Irlanda al corazón de Europa", en palabras de un feliz y aliviado primer ministro, Brian Cowen, tiene mucho que ver con la profunda crisis que afecta ahora al país, con índices de paro desconocidos desde los años ochenta, un sistema bancario desprestigiado y un sector inmobiliario -uno de los motores de su economía- estancado.
De hecho, el mensaje durante la campaña del Gobierno y de todos los partidos políticos -excepto el Sinn Fein- así como de la patronal, los sindicatos, las grandes multinacionales y hasta la poderosa Iglesia Católica resaltaba la necesidad de mirar hacia Europa para campear el temporal.
La "campaña del miedo" la llamaron los opositores al Tratado, una variopinta coalición compuesta por grupos izquierdistas, neoliberales, pacifistas y ultra-católicos convencidos de que las garantías dadas por Bruselas en forma de protocolo para salvaguardar los intereses irlandeses, como su independencia fiscal o su neutralidad, son papel mojado.
Esa es precisamente la prueba que debe superar en los próximos meses el enormemente impopular Gobierno de coalición del Fianna Fail de Brian Cowen y el Partido Verde, sobre todo en el terreno económico.
El principal argumento que le ha dado la victoria se puede ahora volver en contra el Ejecutivo, si en los próximos meses la situación económica no mejora y el lema visto en multitud de carteles electorales de "Sí a Lisboa es igual a puestos de trabajo" no se traslada a la realidad.
Además, más allá de la habilidad negociadora demostrada por el Gobierno para extraer concesiones de Bruselas y celebrar con garantías una segunda consulta, a Cowen le será difícil sacar rédito político de esta victoria.
Los principales partidos de la oposición celebraron la victoria del "sí", pero al mismo tiempo sacan ya el palo y advierten de que se abre ahora un frente doméstico para desalojar del poder al actual Ejecutivo.
Se acabó, dicen, la causa común presentada ante este plebiscito, en el que el mayor peligro era evitar que el electorado cayese en la tentación de castigar al Gobierno por su desastrosa gestión de la crisis económica.
A este respecto, el líder de la oposición, Enda Kenny (del democristiano Fine Gael), calificó hoy de "madura e informada" la decisión de los votantes.
"Estoy encantado de que la mayoría de la ciudadanía haya votado sobre este asunto a pesar de los esfuerzos de algunos para distraerlos. También estoy encantado de que hayan evitado usar este crítico referéndum como un instrumento para castigar al Gobierno por su incompetencia y mala gestión", dijo Kenny, quien tiene todas las papeletas para convertirse
en el próximo primer ministro.



