Enviado de la ONU arribó a la convulsionada Birmania
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Las protestas contra la represión en Myanmar se producen en todo el mudno (izq). El enviado de la ONU espera poder disuadir a la Junta (der)
Además instó a la junta, que ha gobernado Myanmar por 45 años, a permitir que Gambari tenga acceso a la gente, incluyendo religiosos y al detenido líder pro democracia Aung San Suu Kyi.
"Es la mejor esperanza que tenemos. Ambas partes confían en él", declaró el ministro de Relaciones Exteriores de Singapur, George Yeo.
Antes de viajar a Rangún desde Singapur, Gambari dijo que iba a "entregar un mensaje del secretario general a los líderes, un mensaje que proviene en gran parte desde el Consejo de Seguridad" de la ONU.
"Espero una visita muy fructífera, para así poder informar de avances en todos los frentes", dijo Gambari, según lo citó el canal de televisión Channel News Asia.
Cuando se le preguntó si esperaba reunirse con el detenido líder Kyi, Gambari respondió: "Espero reunirme con todas las personas con las que necesito reunirme".
Hasta ahora, la junta militar parece haber ignorado el clamor internacional por un fin pacífico a las manifestaciones lideradas por monjes budistas, el centro moral del país, que comenzaron con pequeñas protestas contra el alza de los precios del combustible en agosto.
Pequeños grupos se reunieron ayer para burlarse de las fuerzas de seguridad e insultarlos antes de dispersarse en pequeños callejones laterales cuando los soldados iniciaban su carga.
Ayer, la policía realizó disparos de advertencia para dispersar a 100 jóvenes que gritaban diversas consignas y llevaban banderas de color rojo "en contra del pavo real", el emblema de las agrupaciones estudiantiles que en 1998 lideraron un levantamiento contra el régimen militar que fue aplacado violentamente y dejó unos 3.000 muertos.
La junta dijo que está actuando con moderación.
En la práctica, eso ha significado disparar contra la multitud, allanar al menos una decena de monasterios que se cree que lideraban las protestas, detener a cientos de monjes y el cerrar zonas de la ciudad cercanas a las pagodas donde comienzan y terminan las protestas diarias.
"La paz y la estabilidad han sido restauradas", declararon ayer los diarios estatales, después que las fuerzas de seguridad trataron a los manifestantes "con cuidado, usando la menor fuerza posible", agregaron.
Pocos monjes participaron en protestas del viernes y sábado confrontando a las fuerzas de seguridad con barricadas, en una ciudad aterrorizada ante la posibilidad que se repitan los hechos de 1988.
Muchos monjes jóvenes estaban evitando ser arrestados, despojándose de sus hábitos granates y refugiándose en casas, pretendiendo ser laicos.
La escena fue similar en la ciudad de Mandalay, la segunda más importante del país y donde habitan más de 400.000 monjes de Myanmar. Las tropas rodearon los principales monasterios, señaló un funcionario chino.
"Básicamente la situación está tranquila. La policía armada está ubicada a lo largo de las principales calles e intersecciones", agregó.
En la ciudad de Sittwe, ubicada al noroeste de la costa, un residente señaló que muchos monjes jóvenes habían sido forzados a volver a sus ciudades natales. Los únicos funcionarios de seguridad en las calles son policías, sostuvo.
Los monjes han informado que seis de sus hermanos han muerto desde que el Ejército inició el miércoles su severa operación para poner fin a las protestas de los religiosos.
Los medios estatales reconocieron que 10 personas han muerto desde que comenzaron las operaciones, lo que ha provocado la indignación internacional. Entre las víctimas hay un periodistas japonés, aparentemente muerto a manos de un soldado que disparó a quemarropa.
"Temo y creo que la pérdida de vidas en mucho mayor a lo que se ha informado", dijo el viernes primer ministro británico, Gordon Brown, después de conversar con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
El mandatario estadounidense autorizó el jueves nuevas sanciones contra el Gobierno de Myanmar, que ha operado bajo restricciones similares durante años y ha hecho oídos sordos a las críticas de cómo maneja a los disidentes.



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