El humorista Bruce Plante, del diario «The Chattanooga Times Free Press», graficó ayer el estado de ánimo de los demócratas. «Al menos son sólo cuatro años más de Bush.» «Seguidos de ocho años de Jeb, ocho del hijo de Jeb. Después está Jenna...», comentan dos burros, tradicional ícono del actual partido opositor.
Washington - George W. Bush emprendió ayer su segundo mandato como presidente de los Estados-Unidos con un equipo muy cohesionado, étnicamente tan diverso o más que el anterior y con colaboradores fieles en puestos clave.
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A pesar de que cambian los titulares de nueve de las quince carteras del gabinete, mantiene un núcleo duro esencial -compuesto por Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Condoleezza Rice y Andrew Card-que garantiza continuidad. El objetivo es aprovechar la mayor autoridad política del presidente, tras su inapelable triunfo electoral, y la más holgada mayoría republicana en el Congreso para consolidar la revolución conservadora con cambios muy ambiciosos en el sistema de jubilación, la política energética, la fiscalidad o la cultura de la litigación.
Los reajustes de personal han sido algo más drásticos que los realizados por otros presidentes en sus segundos mandatos, pero el factor numérico puede resultar engañoso. La legión de críticos con Bush no lo acusa de eso sino que le reprocha una tendencia creciente a rodearse de personas dóciles y manejables para ejecutar políticas dictadas desde el Salón Oval.
Las voces más comprensivas con el presidente desdramatizan la cuestión. Recuerdan que en un régimen presidencialista como el norteamericano, libre de las componendas que obligan a hacer las coaliciones en los sistemas parlamentarios europeos, es lógico que primen la confianza y la cohesión, más aún cuando los últimos cuatro años de un presidente suelen quedarse muy cortos en tiempo real de influencia política. Según Bruce Buchanan, politólogo de la Universidad de Texas y gran conocedor del actual presidente, «Bush prefiere tener a colaboradores muy cercanos al frente de los departamentos, la mayoría viejos amigos, gente que ha trabajado con él durante años y que en muchos casos no tuvieron grandes carreras profesionales al margen de su asociación con él, como Alberto Gonzales o Condoleezza Rice». «Lo que sugiere esto es que Bush quiere lealtad y confianza, y que desea usarlos para controlar las operaciones de esos departamentos -agrega Buchanan desde Austin-. No busca a gente de estatura independiente para que le dé consejos con los que pueda no estar de acuerdo». Barry Casselman, analista político nacional desde 1972, opina que Bush es coherente con sus propósitos y no se diferencia de sus predecesores. «Es la pauta de comportamiento de un hombre que quiere hacer muchas cosas en su segundo mandato, que quiere llevar adelante bastantes reformas en política interior. Bush comprende que tiene un margen pequeño, de unos 18 meses, a partir del cual se convertirá en lo que aquí llamamos un pato cojo», afirma Casselman desde Minneapolis. «El argumento de la lealtad es falso -añade-. Se supone que el gobierno está compuesto por gente que hace lo que quiere el presidente. En privado pueden expresarle discrepancias, pero no en público. Un gabinete que tenga 'prima donnas' y que ventile en público sus discrepancias no es un buen gabinete para el presidente de Estados Unidos.»
•Razones políticas
Algunos de los relevos están motivados por puro deseo personal de los interesados, aunque siempre hay razones políticas. Los cargos en el gobierno están infinitamente peor remunerados que en el sector privado, amén de los sacrificios que comporta el constante escrutinio público y la esquizofrenia de seguridad desde el 11-S. Cubierta la ambición política, el cansancio y el pragmatismo se imponen. Hay quienes ven en algunos nombramientos, permanencias y abandonos un claro giro derechista. El más evidente sería la salida de Colin Powell de la Secretaría de Estado. Pero su sustitución por Condoleezza Rice no implica una automática radicalización. Ella ha actuado a menudo como puente entre los realistas y los neoconservadores. La elección como su número dos del muy experimentado y brillante Robert Zoellick, que negoció el tratado de la unificación alemana y fue sherpa de Bush padre en el G-8, es una muestra de moderación. Otro cantar es la continuidad de Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz y Douglas Feith como triunvirato al frente del Pentágono. Bush no podía tocarlos antes de las elecciones iraquíes --previstas para el próximo 30 de enero-, pero está por ver cuál será su destino a medio plazo. La evolución en Irak resultarádeterminante en este aspecto. Uno de los nombramientos más reveladores del estilo Bush ha sido el del nuevo secretario de Justicia, Alberto Gonzales, un leal colaborador desde su época de gobernador de Texas. Este hecho, así como su condición de hispano, han pesado más que el lastre de la vinculación de Gonzales con los memorandos legales que pudieron justificar los abusos a prisioneros en Guantánamo e Irak.
«No ha habido nunca un presidente tan amigo de los hispanos como Bush -destaca Casselman-. Por su experiencia en Texas e incluso por su hermano Jeb, casado con una mexicana». «La principal razón por la que confirmarán a Gonzales tiene que ver con que sea latino --argumenta el profesor Buchanan-. Lo han apoyado tanto republicanos como demócratas. Tiene la clase de credenciales y de potencial para representar a la comunidad hispana. Eso le da un gran plus. Los demócratas tienen reparo en atacarlo por miedo a enemistarse con la comunidad hispana. Está claro que los hispanos estadounidenses, ya sean mexicanos o de otro origen, están muy agradecidos e impresionados por este nombramiento. Es una maniobra política inteligente por parte de Bush.» Al presidente no puede reprochársele sensibilidad ni cálculo político al mostrar en su equipo el mosaico étnico estadounidense. Además de Gonzales, el nominado para Comercio es un inmigrante cubano, Carlos Gutiérrez. En el gabinete hay afroamericanos en puestos muy relevantes, una inmigrante taiwanesa y un descendiente de japoneses que estuvo en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.
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