Escenas de resistencia dentro de una sinagoga

Mundo

Dekalim, Galim - El humo de las barricadas se mezcló ayer con los cánticos y las lágrimas de centenares de activistas y colonos que durante horas protegieron la sinagoga de Neve Dekalim de los soldados que recorrían las calles de la colonia para desalojarla.

Más de 1.000 jóvenes se concentraron en este lugar sagrado ni bien tuvieron noticias de la entrada de las fuerzas del orden en el asentamiento a primera hora de ayer.

Muchos de ellos pasaron la noche en vela en la sinagoga por si los soldados se decidían a evacuarla en medio de la oscuridad. El amanecer los sorprendió exhaustos y sin apenas energía para rezar o cantar.

«Nos quedaremos aquí hasta que los soldados vengan a sacarnos. A nosotras sólo podrán tocarnos mujeres militares. Entonces veremos qué sucede», afirmó desafiante
Noa, una joven de Jerusalén que vivía desde hace cinco semanas en Neve Dekalim.

Desde que salió el sol, a estos activistas se unieron decenas de colonos, la mayoría hombres, que fueron a realizar su oración matinal, tal vez la última en esta sinagoga. De sólo pensarlo, muchos no pudieron contener las lágrimas.

Citas del
Libro de las lamentaciones sobre el destierro del pueblo israelí centraron estas tristes plegarias, interrumpidas de repente por una alerta: los soldados estaban a pocos metros. Las mujeres corrieron entonces a encerrarse en una sala y los hombres en otra.

• Lamentos

«Esta tierra siempre será nuestra y un día volveremos. Nos echaron de muchos sitios pero Dios nunca nos abandonó...», dijo con la voz entrecortada por la emoción el rabino Harav Mordechai.

Sus palabras provocaron lamentos entre las mujeres, que se abrazaban entre ellas. Muchas miraban con preocupación por las ventanas desde donde llegaban los ruidos de los enfrentamientosy el olor a quemado de las barricadas. «Nuestros padres nunca hubieran creído que íbamos a vivir una situación semejante: un judío expulsando a otro judío de la tierra de Israel», recalcó el rabino.

Los llantos se tornaron incontrolables cuando el religioso abrió el altar central de la sinagoga y retiró la Torah -las escrituras sagradas judíasque después debió ser trasladada a otro lugar en Israel.

«Esperamos que esta Torah que hoy es expulsada de Neve Dekalim pueda volver un día a esta tierra», confió el rabino sin contener el llanto.

Los jóvenes comprendieron que era la ceremonia final y que tarde o temprano había que abandonar la colonia.

Algunos hombres decidieron salir al encuentro de los soldados, que no iban armados y habían decidido en primer lugar «limpiar las calles» de activistas para concentrarse después en los colonos.

• Arrastrados

Muchos de los jóvenes que minutos antes rezaban fueron arrastrados a la fuerza al interior de los colectivos por varios agentes y trasladados fuera de la Franja de Gaza.

«¿Qué
locura es ésta? ¿Cómo se puede tratar así a un hermano? ¡Suéltenme, traidores!», gritaba Ethan, joven estudiante de química residente en Jerusalén mientras intentaba librarse de los agentes que lo introdujeron finalmente en uno de los automóviles.

Varias mujeres soldados se aproximaron a la sinagoga e intentaron dialogar con las jóvenes. «Nosotras
sólo saldremos de aquí a la fuerza. Mientras tanto seguiremos rezando», explicó Raquel, todavía menor de edad y residente en una colonia de Cisjordania. Las militares suspiraron y decidieron dar media vuelta.

Al final del día, la sinagoga había sobrevivido a la evacuación forzosa. Mientras que la policía rodeaba el lugar sagrado, en el interior se improvisaba una cena y retornaban los cánticos. «Nuestro
corazón con Neve Dekalim», anunciaba una gran pancarta que dio la bienvenida a los militares.

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