Escenas de resistencia dentro de una sinagoga
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Un colono llora abrazado a su hijo y es consolado por dos soldados en la sinagoga del asentamiento de Neve Dekalim . Más de 60 viviendas de esa colonia fueron incendiadas por sus antiguos ocupantes antes de su partida.
• Lamentos
«Esta tierra siempre será nuestra y un día volveremos. Nos echaron de muchos sitios pero Dios nunca nos abandonó...», dijo con la voz entrecortada por la emoción el rabino Harav Mordechai.
Sus palabras provocaron lamentos entre las mujeres, que se abrazaban entre ellas. Muchas miraban con preocupación por las ventanas desde donde llegaban los ruidos de los enfrentamientosy el olor a quemado de las barricadas. «Nuestros padres nunca hubieran creído que íbamos a vivir una situación semejante: un judío expulsando a otro judío de la tierra de Israel», recalcó el rabino.
Los llantos se tornaron incontrolables cuando el religioso abrió el altar central de la sinagoga y retiró la Torah -las escrituras sagradas judíasque después debió ser trasladada a otro lugar en Israel.
«Esperamos que esta Torah que hoy es expulsada de Neve Dekalim pueda volver un día a esta tierra», confió el rabino sin contener el llanto.
Los jóvenes comprendieron que era la ceremonia final y que tarde o temprano había que abandonar la colonia.
Algunos hombres decidieron salir al encuentro de los soldados, que no iban armados y habían decidido en primer lugar «limpiar las calles» de activistas para concentrarse después en los colonos.
• Arrastrados
Muchos de los jóvenes que minutos antes rezaban fueron arrastrados a la fuerza al interior de los colectivos por varios agentes y trasladados fuera de la Franja de Gaza.
«¿Qué locura es ésta? ¿Cómo se puede tratar así a un hermano? ¡Suéltenme, traidores!», gritaba Ethan, joven estudiante de química residente en Jerusalén mientras intentaba librarse de los agentes que lo introdujeron finalmente en uno de los automóviles.
Varias mujeres soldados se aproximaron a la sinagoga e intentaron dialogar con las jóvenes. «Nosotras sólo saldremos de aquí a la fuerza. Mientras tanto seguiremos rezando», explicó Raquel, todavía menor de edad y residente en una colonia de Cisjordania. Las militares suspiraron y decidieron dar media vuelta.
Al final del día, la sinagoga había sobrevivido a la evacuación forzosa. Mientras que la policía rodeaba el lugar sagrado, en el interior se improvisaba una cena y retornaban los cánticos. «Nuestro corazón con Neve Dekalim», anunciaba una gran pancarta que dio la bienvenida a los militares.




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