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La Asociación de Derechos Humanos de la localidad sagrada chiíta afirma que en las últimas tres semanas fueron ejecutadas al menos 15 personas siguiendo un mismo patrón de conducta, según precisa su portavoz, Fuad Shenun.
«Casi todos eran miembros del Baas y en muchos casos se siguió el mismo método: pistoleros encapuchados montados en motocicletas y a veces en coches», dice.
La policía local incrementa esa cifra hasta la cuarentena a contar desde el pasado mes de junio. Los familiares de las víctimas hablan abiertamente de escuadrones de la muerte a los que otorgan una denominación que nadie sabe explicar: Misión del Decimoquinto.
«Es el grupo que han creado para asesinar a todos los militantes del Baas en Najaf», según denuncia Abas Suhail. La familia de Damiya apunta a una turbia alianza establecida por los partidos islamistas chiítas entre los que figura el Consejo Supremo para la Revolución Islámica de Irak (CSRII) y Al Dawa.
«Damiya tuvo que ir dos días antes del ataque a la oficina del CSRII porque la llamaron para que rindiera cuentas por su pasado», asevera Diah Husein. La agencia «Reuters» recoge la misma información proveniente de fuentes policiales. Los uniformados adujeron que se están usando mercenarios para dicho cometido a los que se paga 250 dólares por cadáver.
Pero el dirigente del CSRII, Adel Abdel Mahdi, negó tal hipótesis. «Badr (el brazo armado de esta agrupación) dijo en repetidas ocasiones que no tiene nada que ver con esos asesinatos. No es nuestra política», dijo.
Algunas de las víctimas mortales eran personajes tan significados como el propio jefe del Baas en Najaf, Ali Abdalá al Dhalimi. Este no murió a manos de milicianos de rostro oculto. Fue linchado por una turba en Kufa, cerca de Najaf, el pasado día 17.
Un día más tarde, el ex responsable del barrio de Al Furat, Ali Qassem al Tamimi, caía abatido por un disparo en la cabeza mientras compraba con un amigo. Miembro como Al Tamimi del ex partido único de Irak, Kadum al Shiblaui salía de su negocio cuando se le acercó otra moto y un pistolero lo asesinó a quemarropa.
Takleef Mussawi falleció alcanzado también en el cráneo mientras se encontraba en un mercado. «Mi padre era un pobre hombre. El guardia de seguridad de una mezquita enviado por el Baas», aclara su hijo Haider.




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