Militantes armados de la Yihad islámica, en plena demostración de fuerza. Hay
indicios inquietantes de penetración de Al-Qaeda en los territorios palestinos.
Gaza -Agujerear el cielo a balazos no lleva a ninguna parte. Pero ayuda a creer que sí lleva a alguna parte, y eso es lo que están haciendo las diferentes fracciones palestinas en Gaza desde el inicio de la retirada israelí: apuntar con el Kalashnikov hacia arriba y disparar y disparar y gastar los casi 9 dólares que cuesta cada bala en Gaza -el bloqueo encarece- sólo para liberar adrenalina en acciones que -en el fondo y en la forma- liberan más debilidad que fuerza.
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El miércoles por la mañana desfiló -más bien irrumpió por las calles- el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). Todo un festival del izquierdismo laico venido a menos. Un viaje a los años '70, a los pantalones de campana, cuando la liberación era nacional, territorial, muy terrenal, y nadie hablaba del Paraíso.
Las fracciones juveniles del FPLP -las «Aguilas»- escenificaron con desorden un mundo que ya no es, que en Gaza se apaga: las banderas eran rojas y en el estrado había mujeres sin chador. Es el sello de su origen, en el planeta de la Guerra Fría: al FPLP lo fundó en los años '60 un palestino cristiano, George Habash. Los del FPLP seguían ayer sin hablar de Dios. Sólo de sus «Che Guevara», grandes imágenes de los líderes del Frente encarcelados o borrados por misiles israelíes de la faz de la Tierra.
Ante un calentado batallón de adolescentes armados con lanzagranadas más inservibles que servibles, el altavoz citaba a los líderes perdidos y era entonces cuando más se disparaba al cielo desde la tierra. Gente laica y esculpida en la dureza.
«Somoslos únicos que no hemos aceptado el alto el fuego -gritaban-. La muerte espera a nuestros enemigos. Hasta el final. Hasta Jerusalén.»
Por la tarde, la resistencia terrenal se convirtió en resistencia divina: Yihad islámica revolcó su euforia en el mar, la única sensación de infinito que aparece en esta apretada Franja.
•Juego de guerra
Con el primer sol de la tarde dorando las olas, la brigada Torres de Jerusalén jugó al desembarco de Normandía: decenas de lanchas ondeando las negras banderas de Yihad daban vueltas y vueltas en el mar sin orden ni concierto, embarcando y desembarcando milicianos enmascarados entre las olas que rompían en la arena. Todo al más puro estilo Sandokan.
En la playa no había cabellos al viento: la brisa del mar sólo peinaba negrísimos chadores. Entre Dios, tambores y amagos de marcialidad sobre la fina arena de Gaza, un chico con una tabla de surf miraba descolocado la escena.
«Hoysólo celebramos una victoria miserable -clamaba uno de los líderes de Yihad, un grupo menos grande pero con más historia y más caché teológico que Hamas-. La fiesta la celebraremos en Jerusalén.»
Sólo hay dos organizaciones armadas que se abstienen de agujerear el cielo. Una es la policía de la Autoridad Palestina, con impecables uniformes negros e intentando poner orden en la Franja del desorden. La otra es una organización que -en silencioya se estableció en Gaza -todos lo dan por hecho-y que apunta al centro de la Tierra: Al-Qaeda.
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