Fortalecido, rechazó presiones de aliados

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Brasilia (EFE, ANSA) - El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, dejó de lado ayer una amplia reforma ministerial que elaboraba hace meses, en aparente respuesta a las presiones y el apetito de poder de sus aliados de centroderecha. «En uso de sus atribuciones, el presidente ha decidido terminar las conversaciones en torno de la reforma ministerial», dice una nota oficial divulgada ayer y que en medios políticos ha sido interpretada como «un puñetazo sobre la mesa» que acaba -por ahoracon toda negociación.

El comunicado fue el epílogo de unas discusiones que comenzaron en octubre pasado, mediante las cuales el gobierno aspiraba a ampliar su base parlamentaria con la incorporación al gabinete de representantes de centroderecha.

La suerte de esa coalición planteada por Lula fue tropezando por el gran apetito de poder manifestado por esos nuevos aliados y con las exigencias del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) para mantener su cuota en el gobierno.

La búsqueda de ese delicado equilibrio se complicó finalmente en febrero, cuando el candidato a la presidencia de la Cámara de Diputados del PT fue derrotado por
Severino Cavalcanti, caudillo del pequeño Partido Popular que condicionó su colaboración con el gobierno a que un representante de esa fuerza entrase al gabinete.

Las presiones que Cavalcanti ejerció sin pudor alguno llegaron a su punto máximo el lunes, cuando en un discurso público emplazó a Lula a que nombrase de inmediato a uno de sus ahijados políticos como nuevo ministro de Comunicaciones.

«Si el presidente no firma el nombramiento mañana mismo (por ayer), el Partido Progresista será un aliado del Partido del Frente Liberal»,
dijo en tono de ultimátum aludiendo a la posible formación de un gran frente opositor entre las dos organizaciones de la derecha brasileña.

En opinión de analistas políticos, ese emplazamiento fue lo que faltaba para bajar el martillo y declarar desierta la negociación.

El jefe de Estado zanjó la discusión con sólo dos nombramientos, uno de ellos para cubrir un cargo vacante desde inicios de este año. Designó al diputado socialista
Paulo Bernardo Silva como nuevo ministro de Planificación, cargo que era ocupado en forma interina por Nelson Machado, y en la única concesión en favor de sus aliados conservadores nombró ministro de Previsión Social al senador Romero Jucá, del Partido del Movimiento Democrático (PMDB).

El primer nombramiento cayó bien en los mercados ya que Silva es hombre del ministro de Hacienda, Antoni Palocci.

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