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La izquierda
legislativa copó
ayer el estrado
del Senado
mexicano para
evitar el tratamiento
de una ley
petrolera que
descalifica como
«privatista».
«Estamos en este momento en la peor crisis de la historia del país, por este intento de saquear los recursos de nuestra nación», aseguró Monreal, del PRD, formación que encabeza el movimiento político Frente Amplio Progresista (FAP), integrado además por Convergencia y el Partido del Trabajo (PT), todos de izquierda. Este frente de agrupaciones tiene 156 de los 500 diputados y 36 de los 128 senadores.
Monreal acusó al oficialista Partido de Acción Nacional (PAN), primera fuerza en el Senado, de querer «impunemente entregar al extranjero y a los dueños del capital el recurso de todos los mexicanos», y al Partido Revolucionario Institucional (PRI), tercera formación, de «prestarse a entregar Pemex».
La izquierda pretende que antes de que se analice en comisiones el proyecto, haya debate nacional sobre el tema, un punto que debía discutirse ayer en el pleno del Senado después de que los principales partidos políticos llegaran a un acuerdo, pero que finalmente no prosperó.
La acción reivindicativa recordó a otras imágenes del Congreso en 2006, cuando Calderón asumió el cargo de presidente ante un legislativo ocupado durante tres días por los diputados de su partido, que cuidaron la tribuna ante los intentos del PRD de apoderarse de ella para evitar la investidura.
Al tiempo que se conoció ayer la decisión de los legisladores opositores, salió en dirección al Senado, desde otro punto de la ciudad, una movilización de unas 1.800 mujeres que se hacen llamar «adelitas», como las mujeres que acompañaron a los combatientes en la Revolución Mexicana (1910-1917). La movilización se detuvo a unos cincuenta metros del edificio, fuertemente protegido por policías antimotines, la mayoría, también mujeres.
Una de las consignas del grupo fue «La gente se pregunta quiénes somos, respondemos somos las mujeres de (Andrés Manuel) López Obrador», en referencia al líder del FAP, el ex candidato presidencial izquierdista que en 2006 fue nombrado por sus seguidores «presidente legítimo» de México tras perder las elecciones de ese año por un supuesto fraude que no fue demostrado.



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