Panabaj, Guatemala (EFE, Reuters, AFP, ANSA) - La comunidad de Panabaj, en el oeste de Guatemala, cubierta por un enorme alud de lodo y rocas causadas por la tormenta tropical Stan y donde se cree que están enterradas unas 3.000 personas, fue declarada ayer «cementerio» para evitar epidemias.
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Un miembro del consejo municipal de ese lugar dijo que «la decisión ya fue tomada, porque no se puede seguir buscando más cadáveres. No hay condiciones para eso porque los malos olores ya se empezaron a sentir».
La fuente explicó que los trabajos de rescatefueron suspendidos el sábado por la noche y ayer ya no se continuaron «porque eso significa poner en peligro a más personas, no sólo porque es muy difícil remover los escombros sólo con palas y piquetas, sino porque pueden contraer enfermedades».
Hasta el sábado los vecinos de Santiago Atitlán habían logrado rescatar 71 cadáveres, 30 de éstos de niños, de los 3.000 que calculan que hay bajo toneladas de lodo y rocas. Sin embargo, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) insiste en señalar que, por el momento, la cantidad de muertos oficialmente reconocida es de 519 y que los desaparecidos son 338 a nivel nacional.
Panabaj es un poblado indígena de la etnia tzutujil, ubicado a 180 kilómetros al oeste de la capital guatemalteca, cuyos habitantes se dedicaban principalmente a la agricultura y la pesca artesanal. Desde el miércoles, cuando el alud cayó sobre las cerca de 1.500 casas que lo componían, miles de habitantes de las comunidades vecinas, apoyados con palas y picos, y bajo una persistente lluvia, trataron de rescatar a las miles de víctimas que quedaron enterradas.
Las autoridades municipales de Santiago Atitlán no cuentan con una cifra precisa de las personas desaparecidas pero, según vecinos, en Panabaj ésta podría superar las 3.000 personas. El vicepresidente de Guatemala, Eduardo Stein, dijo ayer a periodistas que las autoridades municipales de Santiago Atitlán, donde pertenece Panabaj, le habían solicitado que esa comunidad fuese declarada como «camposanto» (cementerio) por el temor a que surjan brotes epidémicos que pongan más vidas en peligro. Esa decisión, explicó Stein, la puede tomar el alcalde de Santiago Atitlán, junto a su consejo municipal, « siempre y cuando la mayoría de los sobrevivientes estén de acuerdo».
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