Nueva York (enviado especial) - Anochece en Harlem. «¿Todavía no ganamos?», pregunta con ironía Margarett Lee cuando es consultada por este enviado sobre la suerte que correría Barack Obama, horas antes de que cerraran las mesas electorales en el extremo oeste del país. Esta profesora de Matemática aguarda que una amiga termine de decidirse sobre qué remera comprar con el rostro del candidato demócrata, en un puesto callejero montado sobre el boulevard Dr. Martin Luther King del centro del barrio negro por excelencia de Manhattan.
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En el regreso a casa tras un día de trabajomás, Harlem pinta otra cara de Nueva York. Los puestos callejeros no llegan a ser tantos como en Once, pero se dejan ver. En un bullicioso retorno, no se percibe euforia; sí convicción.
La primacía de los demócratas en este barrio provocaría la envidia de cualquier partido político con pretensiones hegemónicas. Entre una quincena de personas consultadas por las calles del centro (sólo una blanca, respetando la proporción visible), ninguna confesó otro voto que no sea por el senador por Illinois. «No creo que el de Obama sea un liderazgo para la gente negra, es un liderazgo para la nación», advierte Margarett, tras lo cual enumera todo lo que espera del nuevo presidente, que es mucho.
Militantes
Sobre esta misma calle, en una plazoleta frente a un edificio público, militantes demócratas acomodan sillas y arman un palco. Tres centenares de obamistas ya se arriesgan a anticipar el festejo. El testimonio de Vivian, una enfermera jubilada, es una muestra del sentimiento de una generación que pasó momentos difíciles. « Quisiera que gane Obama, pero estoy muy contenta de ver cuánta gente de mi comunidad fue a votar. Cuando fui a hacerlo, a las 6.30 de la mañana, vi un montón de gente en la calle esperando para entrar a mi centro electoral», dice. ¿Se siente orgullosa porque Obama es parte de su comunidad? «Creo que es un cambio, necesitamos un cambio. No va a ser fácil para él». En sus largas décadas de vida, Vivian nunca votó a un republicano.
Obama confesó que la primera vez que se sintió interpelado por el color de su comunidad, fue cuando, siendo niño, leyó un aviso en el diario sobre cómo blanquearse la piel. Distinto habría sido el caso de Michael Jackson, que lejos de sentirse interpelado, habría recortado el aviso.
Joe camina cabizbajo con un portafolios en la mano. «Estoy muy entusiasmado. Soy un afroamericano, esto es histórico. Quizás Obama no sea igual a muchos jóvenes de mi comunidad, pero su elección es importante». ¿Su elección se ubica en el camino trazado por Marthin Luther King o Malcom X? «Bueno, los tiempos cambiaron, pero también es un líder».
A unas quince cuadras de allí, en el comité republicano de Harlem saben lo que es jugar de visitante. Sus militantes destacan que el gobierno de George W. Bush fue «la administración (racialmente) más diversa de la historia». Y enumeran al ex secretario de Estado, Colin Powell, y a la ex consejera de Seguridad Nacional y actual secretaria de Estado, Condoleezza Rice, entre una decena de funcionarios de cargos altos. Acentúan, además, el eslogan del Partido Republicano en la segunda mitad del siglo XIX: «Free soil, free labor, free speech, free men». Con el tiempo, la agenda social y de Estado activo de los demócratas cambió las cosas.
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