25 de abril 2007 - 00:00

Homenajearon miles de rusos a Yeltsin

El cuerpo de Boris Yeltsin fue expuesto ayer en la catedral Cristo Salvador de Moscú. El velatoriose extendió a la madrugada, hasta el momento de su inhumación hoy.
El cuerpo de Boris Yeltsin fue expuesto ayer en la catedral Cristo Salvador de Moscú. El velatorio se extendió a la madrugada, hasta el momento de su inhumación hoy.
Moscú (ANSA, Reuters, AFP) - El cadáver del ex presidente ruso Boris Yeltsin, fallecido el lunes a los 76 años a causa de una crisis cardíaca, fue llevado ayer a la catedral Cristo Salvador de Moscú, donde miles de personas le rindieron homenaje.

Las calles adyacentes al edificio -destruido en los años 30 por Stalin y reconstruido en base al proyecto original precisamente por voluntad de Yeltsin-fueron cerradas por cordones de policías para no alterar una ceremonia que duró toda la noche hasta la sepultura, hoy, en el cementerio monumental de Novadevici.

El cuerpo del ex presidente será ubicado, según trascendió, entre las tumbas de Raisa Gorbachov y el firmante del primer acuerdo de paz para Chechenia, Aleksander Lebed, figuras históricas de la transición de la URSS a la Federación Rusa.

  • Honores

  • El féretro ingresó en la catedral cerrado con una tapa de metal y envuelto en la bandera rusa. Una guardia de honor del Kremlin lo sostenía sobre sus espaldas.

    En el interior, tras ser recibido por el tedeum del gran coro, el cadáver fue expuesto y junto al ataúd estaban la viuda, Naina, y sus familiares.

    El primer presidente de la era postsoviética, elogiado en especial en el inicio de su excepcional parábola política, criticado duramente hacia la mitad de su mandato y vituperado en el momento en que dejó paso a su sucesor, recupera ahora en la muerte la comunión con sus seguidores, los que a comienzos de los 90 lo apoyaron como sepulturero del sistema soviético. Esa fue la acción por la que recibió innumerables elogios de los gobernantes de potencias occidentales.

    Varios medios rusos subrayaron ayer lo que definieron como su capacidad para admitirerrores y el haber dejado voluntariamente el poder, así como haber representado como ningún otro, para bien y para mal, el mutable y huidizo concepto de «espíritu ruso».

  • Renovación

    «Dejo -expresó en diciembre de 1999, en el último saludo a un pueblo que ya le era hostil-, antes del término previsto. Comprendí que debía hacerlo. Rusia debe entrar en el nuevo milenio con políticos nuevos».

    Entre las tantas personas que esperaban pacientemente en fila poder ingresar, muchos tenían lágrimas en los ojos.

    Tamara, una jubilada, dijo que «era un coloso de la política. Y era simpático porque reconocía sus propios errores. El más grave, la guerra en Chechenia. Pero me gusta el hecho de que jamás se haya ocultado detrás de otros, siempre asumió sus propias responsabilidades».

    Pavel, un estudiante universitario, afirmó que había sentido la necesidad de hacerse presente. «Lo respeto como a un gran hombre político, es gracias a él que tenemos una relativa libertad. Por eso no puedo menospreciar su contribución más allá de sus costados negativos», expresó.

    Para María, de 40 años, «muchos no comprendieron aún lo que ha hecho por nosotros. Nos dio la libertad. Yo lo comprendí enseguida, otros lo comprenderán con el paso del tiempo».

    El obispo Jevenalii, el más anciano de los miembros del sínodo ortodoxo ruso, fue quien celebró la primera de una larga serie de misas en honor de Yeltsin. El homenaje siguió toda la noche, mientras jóvenes seminaristas se alternaban en la lectura del libro de los salmos.

    Hoy se realizará la procesión de los poderosos y de los invitados de honor: entre otros, anunciaron su participación dos ex presidentes estadounidenses, Bill Clinton, que con Yeltsin compartió los años del pasaje a la economía liberal, y George Bush padre.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar