Hostilidad obligó al Papa a cancelar esperado discurso
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Un estudiante pasa delante de carteles adversos a la visita del papa Benedicto XVI a la universidad romana de La Sapienza. El clima adverso obligó al Vaticano a cancelar un discurso del Pontífice.
Aunque la crispación era alta, la clase política esperaba que hasta mañana las aguas volvieran a su cauce y la visita se celebrase con normalidad.
«Condeno a quien ha provocado tensiones inaceptables. Siento pesar por la decisión del Pontífice y estoy amargado. Le renuevo la invitación para que mantenga el programa previsto», afirmó el primer ministro, Romano Prodi.
El líder de la oposición, Silvio Berlusconi, afirmó que el Papa ha sido obligado a renunciar en nombre de un «fanatismo que nada tiene que ver con el laicismo, sino que es el signo de la intolerancia».
Para el alcalde de Roma y líder de la izquierda, Walter Veltroni, la presión que llevó a la renuncia es «una derrota de la cultura liberal».
Aunque en un principio no se descartó que la suspensión estuviera relacionada con la seguridad, el Ministerio de Interior aseguró que estaban garantizadas todas las medidas y todo controlado.
Según los medios italianos, que citaron fuentes de la seguridad italiana, detrás de la cancelación está la preocupación del Vaticano por salvaguardar la imagen del Papa y evitar que una manifestación en su contra fuera difundida por televisión a todo el mundo. También influyó el temor a enfrentamientos de los estudiantes con la Policía. Tras conocerse la cancelación, grupos de estudiantes contrarios a la visita lo celebraron como una victoria.
El pasado fin de semana 67 profesores pidieron al rector que se anulara la visita por considerar que Benedicto XVI es un «oscurantista» que justificó el proceso contra Galileo.
Según los profesores, en su mayoría físicos, entre ellos Andrea Frova (autor de un libro sobre Galileo y la Iglesia) y Carlo Maini ( presidente del Consejo Nacional de Investigación), aquellas palabras del Papa, por entonces cardenal Joseph Ratzinger, «nos ofenden y nos humillan».
El cardenal Zenon Gracholewski, prefecto de la Congregación para la Educación Católica, salió en defensa del Papa y desmintió que éste apoyase el proceso contra Galileo, a la vez que precisó que Joseph Ratzinger ya en 1990 revisaba junto a Juan Pablo II el caso, que concluyó en 1992 con la cancelación de la condena eclesial. El papa Wojtyla fue silbado en La Sapienza en una visita realizada en 1991.




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