Hugo Chávez se convirtió en carga que nadie asume
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Hugo Chávez intervino en las elecciones peruanas, demostrando abiertamente
su apoyo a Ollanta Humala.
Lo más curioso es, acaso, que con sus ataques Chávez está prestigiando al desprestigiado Alejandro Toledo. Según un chiste muy contado aquí, el presidente habla en su último acto antes de dejar el poder. De pronto, Jesucristo baja del cielo y se para a su lado. Toledo, convencido de estar recibiendo la bendición de Dios, le ruega que se dirija a la multitud. «Pueblo del Perú, este hombre que tiene una labia como la mía, ¿no les ha dado a ustedes el pan del conocimiento igual que lo hice yo?» «¡Sí!», exclama la gente. «¿No es cierto que, tal como yo multipliqué los panes y los peces, el presidente les ha prometido alimento para ustedes y sus hijos? ». «¡Sí!», nuevamente. «¿Y no les ha prometido construir hospitales para curar las enfermedades como yo lo hice?». Y otra vez: «¡Sí!» «¿Pueden decirme entonces qué carajo están esperando para crucificarlo? », se indigna finalmente Cristo.
El tiro le está saliendo al venezolano tan por la culata que si insiste en su prédica agresiva va a terminar transformando en un héroe a Toledo, un hombre que gobernó correctamente, pero que carga con el karma de haber prometido mucho más que lo que cumplió.
¿Qué justifica la intervención cotidiana del presidente de Venezuela, con insultos a granel contra Toledo y García? En definitiva, ¿qué se juega este domingo? «Lo que está en juego para él es la posibilidad de armar un bloque que le permita contar con una palanca política más fuerte en la región. Si Humala pierde, se reducen las posibilidades de Chávez de potenciar su rol futuro en América latina », explicó Rodríguez.
Pegado desde hace tiempo a Fidel Castro, el venezolano cree haber ganado a Evo Morales para su causa y Humala le dio similares esperanzas en Perú. Con Bolivia y, eventualmente, Perú «en el bolsillo», sólo le faltaría Ecuador para controlar de modo directo o indirecto casi toda la oferta energética de Sudamérica. Así, en los últimos días montó en Quito uno de sus habituales operativos de seducción, ofreciendo a PDVSA para refinar petróleo ecuatoriano, lo que permitiría a ese país reducir el abultado déficit que le causa vender crudo y tener que importar combustibles refinados. También allí se avecinan elecciones y Chávez ya ha empezado a apostar fuerte.
De paso por Lima, Michael Shifter, vicepresidente vicepresidente de Diálogo Interamericano, señaló al diario «El Comercio» que «es innegable que Chávez tiene como ambición ser el líder de América latina. Ya no le basta con ser presidente de su país; Venezuela ya es muy chica para él».
La elección peruana del domingo es clave, ya que podría continuar la tendencia que se acaba de esbozar con la contundente reelección de Alvaro Uribe en Colombia, imponiéndole a Chávez un claro freno. Pero no todo es energía, un carta fuerte en su permanente (aunque por ahora contenida) confrontación con Estados Unidos.
Cuantos más países lo apoyen o, al menos, le aseguren relaciones amistosas, más difícil será que se produzcan la invasión, el magnicidio o el golpe de Estado pronorteamericano que imagina e invoca cada día. Más allá de la retórica integracionista, es también en este marco que hay que entender su interés en forzar los tiempos del ingreso de Venezuela en el Mercosur.
Un tercer elemento, siempre inscripto en su confrontación con la Casa Blanca, es su confesada intención de ser votado por la región para ocupar en octubre uno de los puestos no permanentes y rotativos en el Consejo de Seguridad de la ONU, empeño en el que compite con Guatemala.
Estados Unidos quiere impedir que Caracas llegue al máximo foro institucional de la política internacional, sobre todo en meses en que se calentará el conflicto por el programa nuclear iraní. Venezuela le asegura no sólo un voto contrario a cualquier intento de imponer sanciones o amenazas de intervención militar a la República Islámica (que sería lo de menos), sino mucho ruido en un escenario de alto impacto público.



