9 de octubre 2008 - 00:00

Impaciente, Israel da indicios de ataque a Irán

Irán sigue sin entregar la más mínima señal de flexibilidad en torno a su sospechado plan nuclear, y vuelven en Israel las especulaciones, más intensas que nunca, acerca de una decisión oficial de lanzar un ataque militar destinado a destruir las instalaciones en las que, supone, la República Islámica busca producir la bomba atómica.

Declaraciones sugestivas de altos funcionarios internacionales, versiones sobre un nivel de alerta inusual en las Fuerzas de Defensa de Israel y crecientes especulaciones en la prensa de ese país dieron marco a la versión.

El primero en reflotar la cuestión fue el canciller francés, Bernard Kouchner, quien dijo en lenguaje llano que Israel actuará militarmente contra Irán antes de que ese país acceda a las armas nucleares. «Israel siempre dijo que no esperaría que la bomba iraní esté lista. Pienso que los iraníes lo saben, que todo el mundo lo sabe», dijo en declaraciones publicadas el domingo por el diario «Haaretz», en las que llamó a la comunidad internacional a evitar ese escenario temible y de desenlace imprevisible.

Francia forma, junto a Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Alemania y China, el grupo de países que buscan una salida negociada al conflicto nuclear iraní, presionando para que Teherán suspenda sus actividades nucleares más polémicas. Sin embargo, la República Islámica sostiene que sus actividades persiguen fines pacíficos y se niega a acatar esos reclamos, en un contexto en el que, si bien rigen sanciones internacionales en su contra, las recientes peleas entre Rusia y Occidente hacen que ese país adopte una actitud más ambigua, dividiendo el frente internacional. De hecho, el primer ministro, Ehud Olmert, fracasó el martes en su última gestión para que el Kremlin se comprometa a frenar las ventas de armas a Irán y Siria.

La posibilidad de que Irán se convierta,después del propio Israel, en el segundo Estado de Medio Oriente en posesión de armas nucleares desvela a la comunidad internacional. Por un lado, porque eso alteraría de modo decisivo la relación de fuerza conocida hasta hoy en esa explosiva zona. Por el otro, porque su creciente desarrollo misilístico podría poner pronto en peligro a varios países europeos, algo que EE.UU. pretende contrarrestar con su proyecto de escudo antimisiles. Por último, porque se teme que el régimen teocrático transfiera esas armas, o material radiactivo suficiente para fabricar «bombas sucias», a grupos terroristas aliados como Hizbollah o Hamas. En caso de concretar su desarrollo nuclear, Irán podría convertirse en el segundo Estado islámico en poseer el arma atómica, sólo detrás de un Pakistán cada vez más volátil que plantea temores similares a Occidente.

Según diversos informes, si algo frena hoy a Israel para atacar Irán, es la oposición de Estados Unidos, enfrascado en los atolladeros de Irak y sobre todo Afganistán, y que se ve obligado a destinar el dinero equivalente a toda una nueva guerra a su tambaleante sistema financiero. Además, claro, con un presidente como George W. Bush en retirada y con un candidato favorito a sucederlo, como Barack Obama, que, a partir de sus ambigüedades, parece más partidario de las acciones diplomáticas contra Irán que de una guerra.

El canal 10 de la televisión israelí dijo el lunes que la administración Bush comunicó a Olmert (también en la cuenta regresiva para su salida del poder, en espera sólo de la conformación de una nueva coalición bajo la conducción de su canciller, Tzipi Livni) que Estados Unidos no autorizará una incursión israelí contra Irán mientras haya tropas norteamericanas en Irak, por entender que el nuevo escenario dejaría a esas fuerzas a merced de represalias de grupos chiitas armados aliados de Teherán.

Toda la prensa israelí, sin distinciones ideológicas, da cuenta de la impaciencia israelí ante la falta de indicios de que las presiones internacionales a Teherán estén dando resultado. «Sólo puede concluirse que las conversaciones con Irán y hasta las más superficiales inspecciones a sus actividades (nucleares) han llegado a un punto muerto», dijo el columnista del conservador «Jerusalem Post» Ephraim Asculai. Mientras, Aluf Benn se preguntó en el centroizquierdista «Haaretz», tras coincidir en que Washington está sujetandoa Israel, si su país esperará hastafines de 2009 para actuar, recordando informes de inteligencia según los cuales la República Islámica ya acumuló dos tercios del material necesario para construir la bomba.

Otros analistas, mientras tanto, resaltaron el hecho de que Estados Unidos acaba de vender a su aliado por 15.200 millones de dólares 25 aviones F-35 (con opción a 50 más en los próximos años), superiores a los cazas F-16 que ya utiliza la Fuerza Aérea hebrea, y mil bombas inteligentes GBU-39 capaces de destruir bunkers subterráneos. La tecnología de los F-35 les permite no ser detectados por los radares enemigos aun volando a diferentes alturas, además de ser mucho más eficaces que los F-15 y los F-16 en los combates aire-aire. ¿Una señal contradictoria con lo que se supone es la postura más cauta de la administración Bush, un mensaje a Irán para que ceda en su dureza o, más concretamente, un modo de ir preparando las condiciones para un ataque en caso de que se juzgue, más adelante, que es la única salida para impedir la emergencia de un Irán nuclear? Quienes sostienen lo último recuerdan que Estados Unidos acaba de entregar a Israel un radar capaz de detectar un misil enemigo lanzado a 2.000 kilómetros, un instrumento vital para minimizar la potencia de una eventual represalia, como recordó la semana pasada el diario español «El Mundo» en su edición de Internet.

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