El Ejército israelí irrumpió el martes en dos asentamientos de Cisjordania y dispersó a judíos ultraderechistas que resistían la evacuación tras no lograr frustrar la retirada de la ocupada Franja de Gaza.
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La policía tomó por asalto ciudadelas y sinagogas en los asentamientos de Sanur y Homesh que habían sido fortificados por los radicales. Los colonos atacaron a la policía con una lluvia de botellas, focos de luz, pintura, huevos y aceite de cocinar mientras se intentaba la evacuación forzada.
Algunos fueron removidos desde el techo de una sinagoga en la pala de una de las excavadoras que previamente había desmantelado las barricadas de neumáticos y basura en las inmediaciones de los dos enclaves.
Los palestino quieren que Israel deje todos los asentamientos en Gaza y Cisjordania pero el primer ministro Ariel Sharon ha prometido que mantendrá los mayores enclaves en esta última zona, donde unos 230.000 judíos viven entre 2,4 millones de palestinos.
Los colonos más extremistas quieren hacer la retirada de los enclaves en el norte de Cisjordania más dolorosa que la relativamente tranquila evacuación de Gaza, finalizada el lunes, para disuadir a Israel de ceder más asentamientos judíos de esta región bíblica.
El "plan de desconexión" de Sharon marca el primer abandono de asentamientos en tierras capturadas por Israel en la Guerra de Orientemedio en 1967.
En la etapa de resistencia violenta las fuerzas de seguridad han utilizado extensas negociaciones, al igual que en Gaza, para persuadir a los radicales a abandonar tres sinagogas, una antigua ciudadela de piedras y hogares privados.
Los jóvenes ultranacionalistas entraron a los dos enclaves provenientes de otros asentamientos en Cisjordania para convencer a unas pocas docenas de residentes que permanecen ahí a resistir la evacuación.
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