La cara más cruel de un grupo de mesiánicos
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La policía francesa, entiende Breteau, dibujaba una cortina de humo. Un sistema de alistamiento y de financiación que el ex bombero manejaba para sustraerse a las reglas de transparencia de las ONG autorizadas.
No hace falta ser un detective para percibir el hermetismo y el misterio. Es suficiente visitar la sede donde se aloja presuntamente El Arca de Zoé. Se halla en la calle Hallé de París -distrito 18-, pero es un emplazamiento fantasma. Ningún buzón alerta de la existencia de la ONG. Ningún vecino tiene noticia de que la organización de Breteau resida en la finca. La brigada de protección de menores decidió convocarlo el 25 de julio, pero el interrogatorio no dio resultado en relación con las cuestiones principales. ¿Dónde estaba la contabilidad del Arca? ¿Cuántos empleados tenía el señor Breteau? ¿Cómo, dónde y cuándo se recaudaba el dinero?
El acoso tuvo como respuesta una solución transformista. Es decir, que Breteau reconvirtió el arca en una ONG nueva. Se llamaría Children Rescue, tendría licencia australiana y podría disimular sus actividades en Chad sin que volviera a repetirse el riesgo de los expedientes ministeriales.
El cambio de identidad explicaría que el ejército francés colaborara desinteresadamente en la misión humanitaria. Breteau pudo contar con algunos aviones militares en los meses de agosto y setiembre. Pudo beneficiarse de la ayuda logística.
Recibió agua y víveres. No porque tuviera el visto bueno oficial de París, sino porque el comando galo creía estar ayudando a Childrens Rescue y no al Arca de Zoé.
La filigrana se truncó el 25 de octubre, cuando las autoridades chadianas pusieron las esposas al salvador y le reventaron el juguete. Está acusado de secuestro de menores. Y ha encontrado un antagonista intratable en la figura del presidente Idriss Déby, cuya indignación ante el secuestro se exacerbó volcánicamente al enterarse de que los enfermeros de la ONG francesa habían vendado a los niños para simular que estaban heridos.
La iniciativa define la mentalidad embaucadora de Breteau. Puede que no sea un diablo ni un traficante de carne humana, pero la megalomanía y el providencialismo le han alejado de la realidad, o lo han convertido en una especie de santón que se cree ungido. Lo dicen algunos de sus secuaces parisinos a cambio del anonimato: «Es un hombre carismático, intrépido. Habla como si estuviera iluminado. Llama la atención por su fuerza persuasiva. Sabe exponer las cosas, arrastrar a la gente, hacerse querer».
El único documento con la firma del patriarcaalude a la construcción de un hospital infantily menciona la eventualidad de otra unidad para cuidados de emergencia. El gobierno les concedió permiso para actuar en el plano sanitario, pero no se explica por qué Breteau disimuló sus intenciones. «Hay muchas cosas ocultas en este asunto», señalaba en Yamena, capital de Chad, el ministro portavoz, Moussa Doumgor. «No había razón alguna para que se nos escondiera el objetivo real de la misión. ¿O sí la había?».
Breteau trabajaba como agente comercial cuando creó la ONG en diciembre de 2004. Fue su manera de reaccionar al desastre natural y humanitario del tsunami. De hecho, El arca de Zoé se atribuye haber organizado cuatro campos de refugiados en Banda Aceh ( Indonesia), de tener bajo su tutela la supervivencia de 3.000 familias y de haber promovido la construcción de 50 bibliotecas sobre las escombreras para que 100.000 niños asiáticos puedan tener acceso a la educación. Los datos aparecen en la web de la ONG, pero no es sencillo verificar dónde empieza la propaganda y dónde termina el compromiso.
El señor del Arca fue capaz de reunir 550.000 euros para organizar la evacuación fallida de los 103 niños. Tenía que pagarle 165.000 a la compañía española responsable del vuelo y entregar los pasajeros a las familias que esperaban en el aeropuerto francés de Varny. Hubo algunas que creían estar participando en un programa de adopción. Otras entendieron que los niños venían como refugiados y que iban a alojarse temporalmente en los hogares, aunque se desprende de la operación que no todos los padres adoptivos eran precisamente ingenuos.
Breteau, al cabo, les facilitaba los trámites para recibir un niño. Les ahorraba los tiempos de tramitación y de espera. La Justicia gala también desea esposarlo. Lo relacionan en grado directo o indirecto con un delito de tráfico de inmigrantes y le responsabilizan de haber alejado a los menores de edad de sus medios familiares. Quiere decirse que podrían caerle en Francia 10 años de cárcel y una multa de 750.000 euros.




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