La Corte Suprema brasileña ratificó la amnistía a militares y represores de la dictadura
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Militantes de organizaciones humanitarias protestaron ante la sede del STF, en la Plaza de los Tres Poderes, en Brasilia, frente al Palacio del Planalto, sede presidencial.
El gobierno de Brasil se había pronunciado contra la derogación de la Ley de Amnistía durante los alegatos del abogado general de la Unión, Luis Adams, y el procurador general de la República, Roberto Gugel, ante el STF.
Adams sostuvo que la norma que permitió la apertura política y el regreso de los exiliados y los perseguidos políticos fue "un acto de clemencia".
Subrayó que "reconocer la constitucionalidad de la Ley de Amnistía es distinto a compartir que se hayan cometido delitos", porque "amnistía es un acto político de clemencia" y la que resultó de dicha ley "fue amplia, general e irrestricta".
En tanto, Gugel sostuvo que la sanción de la Ley de Amnistía fue producto de "un largo debate nacional" y que gracias a ella "la sociedad se articuló y marcó en la historia del país una lucha por la democracia pacífica y armónica".
Contrariamente, el representante de la OAB, Fabio Konder Comparado, dijo al alegar ante el tribunal que la eventual decisión de revisar la Ley de Amnistía serviría para "recomponer el Estado brasileño en la posición de dignidad en el concierto de las naciones y recuperar la honorabilidad de las Fuerzas Armadas".
Pocos días antes, la OAB había advertido en un comunicado que si el STF considerara -como sucedió- que la Ley de Amnistía debía seguir vigente, eso "significará el no cumplimiento de tratados internacionales sobre derechos humanos ratificados por Brasil ante Naciones Unidas y con ello, la banalización de la tortura".
El tema de la Ley de Amnistía, el primero que debió tratar el STF bajo la presidencia de Cézar Peluso, causó divisiones en el gobierno del presidente Luiz Lula da Silva.
Por un lado, el ministro de Defensa, Nelson Jobim, afirmó que revisar la ley hubiera sido una "decisión revanchista" que abriría "heridas del pasado".
Por el otro, el secretario de Derechos Humanos, Paulo Vannuchi, consideró "imprescindible" que se investigaran los crímenes de la dictadura y sostuvo que eso contribuiría a mejorar la imagen de las Fuerzas Armadas.
Ningún acusado por torturas, secuestros, desapariciones y muertes durante la dictadura fue juzgado o sancionado.




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