La crisis aeroportuaria brasileña persiste pese a las severas medidas del gobierno

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Río de Janeiro (EFE).- El quinto día de crisis en la aviación civil brasileña comenzó ayer con atrasos en casi el 30 por ciento de los vuelos y nuevas protestas de pasajeros, a pesar de las medidas extremas adoptadas por el gobierno.

Para sofocar la problemática, que lleva ya nueve meses y se agudizó desde el lunes pasado con la aglomeración de pasajeros, la cancelación y retrasos de vuelos, la Fuerza Aérea retiró el viernes de sus funciones a catorce controladores del estratégico Centro Integrado de Defensa Aérea y Control de Tráfico Aéreo (Cindacta 1), con sede en Brasilia.

La Aeronáutica ha achacado los problemas en los aeropuertos al grupo de catorce controladores, ya destituidos, del Cindacta 1.

El comandante de la Aeronáutica, Juniti Saito, calificó el vienes la situación "de extrema gravedad" y anunció otras medidas disciplinarias y técnicas para poner fin a las huelgas de celo de los controladores que llevaron caos a los terminales de Sao Paulo, Brasilia, Río de Janeiro y Belo Horizonte.

El gobierno también canceló los vuelos desde Sao Paulo, epicentro de la actividad comercial, a Brasilia, Estados Unidos, países de Europa y las capitales de los nueve estados del nordeste brasileño.

Hasta las 21.30 horas del viernes (00.30 GMT del sábado), el 42,9 por ciento de los 1.784 vuelos programados para esa jornada en el país sufrieron atrasos o fueron cancelados sin aviso previo.

Ayer, 194 vuelos previstos entre las cero horas (03.00 GMT) y las 11.30 (14.30) se atrasaron más de una hora, según el balance parcial de la Empresa Brasileña de Infraestructura Aeroportuaria (Infraero, oficial), que administra 67 aeropuertos y 32 terminales de carga.

El número de rutas alteradas equivale al 28,2 por ciento del total de los 686 vuelos previstos para ayer en todo el territorio.

A pesar de que el porcentaje de atrasos y cancelaciones es menor que en los anteriores días, continúan las protestas de pasajeros, que han pasado horas y noches de espera en el suelo y cuyas imágenes en diarios y noticieros parecen reflejar casos de refugiados.

Pese a las dificultades para contener la crisis, el gobierno afirmó esta madrugada que "Brasil no será rehén de ninguna categoría profesional", en alusión a los operadores castrenses, que son mayoría en las tareas de control de vuelo en los aeropuertos.

"La jerarquía y la disciplina deben ser observadas por todos los militares (...) El flujo y la seguridad del tráfico aéreo serán mantenidos a cualquier precio, dentro de la ley", sostuvo el ministro de Defensa, Waldir Pires, en un comunicado oficial.

Aunque muchos de los controladores son civiles, la actividad de control aéreo en Brasil está militarizada, estatus que los propios funcionarios exigen que sea revisado, sobre todo porque limita sus salarios a lo que gana un sargento de la Fuerza Aérea.

El enfrentamiento con el gobierno causó esta semana el arresto del presidente y el vicepresidente del sindicato de controladores por orden del Comando de la Aeronáutica, debido a que ofrecieron declaraciones a la prensa sin autorización de sus superiores.

En sendas entrevistas, los dos controladores denunciaron que trabajan con equipos obsoletos y graves fallos derivados de falta de inversión en el sector y de criterio para la selección de personal.

En su nota, Pires admitió que "nuevos transtornos pueden ocurrir".

Dicha afirmación contrasta con la recientes y polémicas declaraciones de otros dos ministros en relación con la crisis.

La crisis aeroportuaria en Brasil se arrastra desde el pasado 29 de septiembre, cuando murieron los 154 ocupantes de un Boeing tras colisionar con un avión ejecutivo tripulado por estadounidenses.

Ambas aeronaves estaban en ruta de colisión, sin que los controladores hubieran advertido del error ni los equipos anti-colisión del jet hubieran avisado del peligro.

Las investigaciones han dejado en evidencia serias fallas en los sistemas de control del tráfico aéreo, así como en la preparación de los operadores, que no saben hablar inglés y desde entonces han promovido varias huelgas para presionar mejores condiciones.

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