La crisis le impondrá límites impensados a la superpotencia
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Estados Unidos dado vuelta y en bancarrota, según la visión del humorista John
Sheffers en el «Boulder Daily Camera». Debido a la crisis, parece terminar para
la Casa Blanca el tiempo de las decisiones unilaterales en materia internacional.
Así las cosas, la idea de apurar una retirada de Irak, donde la situación de la seguridad se ha estabilizado de manera notoria, es más un imperativo de la realidad que una aspiración política o ética. Habrá que destinar una parte importante de los 150.000 soldados estadounidenses allí apostados a Afganistán, donde sólo hay 33.000, además de los enviados por países aliados cada vez más reluctantes a involucrarse en un país que ya vio partir en derrota a una larga hilera de potencias extranjeras.
Más allá de la inexplicable ceguera de Bush, que hizo hace cinco años extraños malabares con la verdad para justificar la invasión a Irak, es en Afganistán donde se sigue jugando la lucha contra el terrorismo. La insurgencia talibana registra un auge irrefrenable, tanto que el gobierno pronorteamericano y los propios Estados Unidos buscan la manera de negociar con aquellos que establecieron en ese país antes del 11-S el régimen más oscurantista del mundo y que protegieron a Osama bin Laden. ¿O será, acaso, que aún lo ocultan en la frontera montañosa con Pakistán, blanco frecuente de cruentos ataques aéreos norteamericanos que más de una vez afectan al país vecino y provocan una situación políticamente explosiva?
Mientras, justamente en Pakistán se incuba una crisis potencialmente más peligrosa. Ese país, pieza vital en cualquier cálculo de estrategia antiterrorista en esa región de Asia, se desliza también por un tobogán de violencia islamista ligada a los talibanes y a Al-Qaeda. Para peor, hay serias dudas de que el compromiso contra el extremismo alcancea la totalidad de las fuerzas armadas y los servicios secretos, algo particularmente grave en un país con armas nucleares, que podrían caer en manos de un eventual gobierno revolucionario o, antes que eso, ser trasvasadas a grupos terroristas.
Otro desafío es el que plantea Irán.
La República Islámica sufre por la impericia económica del gobierno de Mahmud Ahmadinejad y, más recientemente, por el derrumbe del precio del petróleo, pero no ceja en su desarrollo nuclear. Para Occidente, ese plan tiene destino militar, algo que Teherán niega. Hasta ahora las sanciones no han funcionado de manera decisiva, algo de lo que da cuenta Israel, algunos de cuyos segmentos de poder presionan por una solución militar preventiva. ¿Puede Estados Unidos en el marco que se describe, de dos guerras simultáneas y un frente económico aún más oneroso, amenazar con algún grado de credibilidad con el uso de la fuerza? Difícilmente. El precio a pagar por la errónea decisión de invadir Irak, algo que permitió además la penetración en ese país de la influencia iraní, acaso sea negociar con quien no se desea y, en un extremo, la inevitabilidad de aceptar la emergencia de un Irán nuclear, posibilidad que cambiaría de raíz el equilibrio geopolítico conocido en Medio Oriente.
Estos y otros desafíos ya no podrán ser respondidos por Estados Unidos como hasta ahora, de modo unilateral y con frecuencia belicoso. Por imperio de la realidad y de la propia crisis económica del país, el próximo gobierno deberá hacer fuerza de su debilidad, restaurando los lazos dañados en los últimos años con buena parte del mundo. Tendrá que avanzar hacia un esquema cada vez más multilateral para responder a esas amenazas, incorporando a su proceso de toma de decisiones no sólo a los organismos internacionales, sino también a la Unión Europea y hasta a Rusia y a China, más allá de las dificultades que eso pueda suponer. Y, por qué no, a América latina, acaso la única ventana de oportunidad a través de la cual la región podría volverse visible a los ojos de Washington.
Sin socios, a la Casa Blanca le será imposible abordar esos y otros temas cruciales. La combinación de grandes desafíos y grandes esperanzas siempre conlleva el peligro de la decepción.

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