7 de febrero 2008 - 00:00

La extraña campaña de la familia Betancourt

Benedicto XVI junto a Yolanda Pulecio, la madre de IngridBetancourt, ayer en el Vaticano. La ofensiva mediática dela mujer en pos de la liberación de la ex candidata presidencialcolombiana asume formas llamativamente hostilesa Alvaro Uribe.AP
Benedicto XVI junto a Yolanda Pulecio, la madre de Ingrid Betancourt, ayer en el Vaticano. La ofensiva mediática de la mujer en pos de la liberación de la ex candidata presidencial colombiana asume formas llamativamente hostiles a Alvaro Uribe. AP
Yolanda Pulecio, madre de Ingrid Betancourt, la ex senadora y ex candidata presidencial franco-colombiana secuestrada por las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en febrero de 2002, fue recibida ayer por el papa Benedicto XVI.

Apenas le confirmaron el encuentro con el Sumo Pontífice, Pulecio dijo que utilizaría la ocasión para pedirle el milagro de «que cambie el gobierno» de su país. Esta actitud es una constante en una familia que parece haber convertido la causa de su hija en una causa contra Colombia: jamás se les escucha una palabra de condena a las FARC ni al hecho por el cual se supone que se movilizan, es decir, el secuestro de Ingrid y su inhumano cautiverio de casi seis años. Todos sus cuestionamientos y descalificaciones están reservados para el gobierno de Alvaro Uribe por su firmeza en no ceder a las exigencias de las FARC. A fines del año pasado, hablando casi como vocera de la organización, la madre de Ingrid decía: «La guerrilla ha anunciado que quiere hacer el intercambio humanitario [entre rehenes de la guerrilla y prisioneros del gobierno] y que simplemente necesita una zona de despeje. El presidente no quiere y cada vez que habla insulta a la guerrilla. Está lleno de odio y de venganza».

  • Necesidad

  • Pero la liberación de Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo, el 10 de enero pasado, demostró que las FARC no necesitan ninguna zona de despeje para concretar un canje de rehenes.

    El multitudinario y contundente rechazo de los colombianos a las FARC, expresado el pasado 4 de febrero, en marchas que a lo largo y ancho de todo el país reunieron a 4 millones y medio de personas (un millón en la capital, Bogotá) en torno a la exigencia de que ese grupo libere sin condiciones a todos los rehenes en su poder, no alegró a los Betancourt, contrariamente a lo que cabía esperar.

    A diferencia de Clara Rojas, que no sólo participó en la marcha sino que la consideró un hecho «maravilloso que marcará nuestra historia», la familia Betancourt reaccionó con furia. Juan Carlos Lecompte, marido de Ingrid, no participó porque «la marcha prácticamente fue contra las FARC, a favor de Uribe». Astrid Betancourt, hermana de Ingrid, dijo: «Nos hemos sentido indignados porque hemos visto cómo nuestro dolor ha sido manipulado por el gobierno colombiano al convocar una marcha contra las FARC».

    La marcha no la convocó el gobierno, pero ese detalle no frenó a Astrid. Ella celebró en cambio la decisión de la guerrilla de liberar a tres rehenes más, cuando, como dijo el ex presidente colombiano Ernesto Samper, el anuncio debe ser interpretado como una «respuesta anticipada» a la jornada contra las FARC.

    Yolanda Pulecio, por su parte, insistió en sus críticas a Uribe, a quien en varias ocasiones describió como «un duro que no tiene alma ni corazón»: «A él la vida de los retenidos (sic) no le importa». El detalle de usar la cínica terminología de las FARC para referirse a los rehenes no es casual puesto que la madre de Ingrid hasta ha llegado a negar los maltratos a su hija, aduciendo que son exageraciones de Uribe para justificar su intransigencia.

    En enero, la familia y los comités de apoyo a Ingrid Betancourt pidieron públicamente que Uribe evitase transformar la gira europea que estaba realizando en «una operación de diabolización de las FARC». Sin embargo, desde que Ingrid fue secuestrada, se han realizado en Francia muchísimos actos -con activa participación de los Betancourt-en los cuales Uribe fue tratado de nazi.

    Los Betancourt tuvieron que recibir una desgarradora carta de Ingrid y ver sus fotos en la selva para, por primera vez en mucho tiempo, pedir a las FARC un trato más humanitario para ella. Pese a eso, Yolanda Pulecio dijo desde Italia, donde permanecerá hasta el 15 de febrero: «Si yo he logrado perdonar a la guerrilla, que me ha hecho sufrir tanto, por qué no puede toda Colombia perdonar y que haya reconciliación y paz».

    Luego de esta injustificada absolución por anticipado de las FARC, parecería que cuenta más la edificación de un protagonismo mediático personal que el drama de un hijo.

    Claudia Peiró

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