Cuarenta años después del accidente nuclear de Chernóbil, distintos animales, desde ranas hasta arañas, han cambiado partes de su cuerpo e incluso su comportamiento, al desarrollarse en un terreno pos nuclear casi totalmente deshabitado. En la explosión del 26 de abril de 1986, murieron 31 personas, y meses después, cerca de un centenar sufrieron consecuencias directas que también terminaron con su vida. Por eso, resulta interesante ver cómo respondió la fauna a las más de 180 toneladas nucleares que se expandieron en el territorio ucraniano.
La fauna de Chernóbil, bajo la lupa: los cambios que experimentaron los animales tras el desastre nuclear
Cuatro décadas después del peor accidente nuclear de la historia, distintas investigaciones detectaron cambios físicos y de comportamiento en animales que habitan la zona de exclusión. Qué ocurrió con las especies que permanecieron en un territorio prácticamente abandonado por los humanos.
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La ausencia humana convirtió a la zona de exclusión de Chernóbil en un escenario único para estudiar cómo distintas especies respondieron durante décadas a un ambiente contaminado por la radiación.
Uno de los casos más llamativos se encuentra en las ranas que actualmente habitan la zona de exclusión, donde distintos estudios detectaron cambios en su coloración luego de décadas de exposición a un ambiente contaminado por la radiación.
Investigadores que estudiaron la evolución de las especies en Chernóbil señalaron una “ausencia general de efectos negativos de la radiación sobre las poblaciones de animales y plantas”, aunque encontraron algunos indicios de adaptación. “Hemos encontrado además algún indicio de respuestas adaptativas frente a la radiación, como cambios en la coloración de las ranas”, explicaron.
En concreto, los ejemplares que viven dentro de la zona de exclusión presentan una pigmentación más oscura. “Las ranas de la zona de exclusión son más oscuras, lo que podría protegerlas de la radiación”, apuntaron los especialistas.
Chernóbil, un laboratorio a cielo abierto para la fauna
El accidente llegó a registrar un pico radiactivo 400 veces superior al de la bomba lanzada sobre Hiroshima en 1945 y 50 veces mayor al registrado en Fukushima en 2011. Ante la magnitud de la contaminación, cerca de 116.000 habitantes tuvieron que ser evacuados de las zonas más afectadas.
Entre ellos estuvieron los 48.000 habitantes de Prípiat, la ciudad construida para alojar a los trabajadores de la central nuclear. La noche del accidente, buena parte de la población dormía sin saber que, a apenas tres kilómetros, el reactor comenzaba a liberar material radiactivo a la atmósfera.
La evacuación dio paso a la creación de una zona de exclusión de unos 2.590 kilómetros cuadrados, que terminó prácticamente vacía de presencia humana. Muchos habitantes abandonaron Chernóbil creyendo que regresarían poco tiempo después y dejaron atrás a sus perros y gatos.
Sin embargo, las autoridades soviéticas terminaron ordenando el sacrificio de numerosos animales domésticos que permanecían en la región, al considerarlos posibles vectores de contaminación radiactiva. Esa situación fue recreada décadas después en la producción de HBO sobre la catástrofe.
Arañas y otros animales bajo la lupa
Los cambios no se limitarían únicamente a la apariencia de algunas especies. Una producción de National Geographic presentada por el actor Will Smith abordó también las alteraciones observadas en arañas que habitan la región.
“Las arañas tenían problemas para tejer una telaraña normal”, señaló la producción al mostrar ejemplares de la zona, planteando posibles modificaciones en el comportamiento de estos animales tras desarrollarse durante generaciones en un ambiente afectado por la radiación.
Otro de los casos analizados es el de la chinche de la malva arbórea, un insecto cuya simetría facilita la identificación visual de anomalías. “Dos ojos grandes, nariz y mentón y, debido a la simetría, hace que sea muy fácil detectar desviaciones”, explicó uno de los especialistas.
En algunos ejemplares fueron observadas alteraciones en los patrones de coloración e incluso estructuras oculares ausentes, otra de las particularidades encontradas entre los animales que continúan habitando un territorio que, cuatro décadas después del desastre, permanece prácticamente vedado para la vida humana permanente.
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