La Paz (enviado especial) - La magnitud de la victoria de Evo Morales acotó la pregunta sobre la gobernabilidad, un bien escaso en Bolivia desde hace años. No obstante, al día siguiente de la jornada electoral, algunos dirigentes sociales fijaron plazos perentorios y anunciaron conflictos a la vuelta de la esquina, como si poco hubiera cambiado en el país.
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Sobre el margen que darán las organizaciones sociales al gobierno de Morales, este diario consultó a Jesús Juárez, obispo de El Alto, un hombre que actuó como mediador en varios de los conflictos que surgieron en los últimos meses en esa populosa ciudad de 850.000 habitantes. El español Juárez, radicado hace décadas en Bolivia, afirmó que «se abre una etapa que va a estar llena de esperanza, pero, por otra parte, va a ser un momento de alguna incertidumbre que tal vez presagie un mal tiempo». «No hemos sido educados para vivir y respetar la democracia», admitió el obispo.
De la capacidad de acuerdo con organizaciones como la Federación de Juntas Vecinales de El Alto (Fejuve), la Central Obrera Regional, o las diferentes federaciones de campesinos de La Paz, depende que Morales alcance el tiempo de sosiego que le permita definir el rumbo de su gobierno.
«Evo es un personaje carismático, con buenas cualidades, pero tal vez le falta una mayor estructuración para viabilizar las expectativas que tantos sectores han depositado en él. Las exigencias son muchas y las posibilidades de solución son menos», dijo el obispo, quien agregó que el electo presidente «tiene que escuchar el clamor del pueblo alteño que ha tenido un rol muy importante tanto en octubre de 2003 (caída de Gonzalo Sánchez de Lozada) como en junio de 2005 (caída de Carlos Mesa)». El influyente religioso expresó que el presidente del Movimiento al Socialismo (MAS) «va a tener que tener como a `la niña de sus ojos' a la ciudad de El Alto». «No puede seguir siendo una ciudad postergada», concluyó. «El Alto de pie, nunca de rodillas», es la consigna que se hizo sangre en muchos alteños. No es menos cierto que la metodología del bloqueo, que efectuado desde esa ciudad tiene un efecto lapidario sobre La Paz, llegó hace seis meses a un punto límite. El nivel de las penurias sufridas por la capital boliviana, muchos de cuyos habitantes son, obviamente, de condición humilde, obligó a los dirigentes a no volver a utilizar esa metodología.
Ayer también hubo palabras agrias hacia Evo. Jaime Solares, titular de la Central Obrera Boliviana (COB) anticipó que «si se desvía de los fines patrióticos tendrá que responder por qué dijo tantas mentiras durante la campaña». Este oscuro dirigente que se creyó en un momento presidenciable y propició un golpe de Estado en mayo pasado, puso en duda la continuidad del gobierno del MAS.
• Asombro
En cambio, José Luis Paredes, electo prefecto (gobernador) del departamento de La Paz, dijo no salir de su «asombro ante semejante triunfo del Movimiento al Socialismo». «Veía venir una corriente masista muy fuerte», pero no tan contundente, agregó Paredes, una figura que se hizo popular durante su gestión como intendente de El Alto y que ganó la prefectura el domingo en nombre del frente Podemos, que postuló a Jorge «Tuto» Quiroga, aunque con un margen menor que el esperado.
Por su parte, el dirigente sindical de El Alto, Edgar Patana, en la misma noche electoral dio un plazo de tres meses para que el nuevo gobierno satisfaga demandas como la nacionalización de los hidrocarburos.
No menos importantes son las opiniones que surgieron desde Santa Cruz. Rubén Costas, el prefecto elegido, aliado de Quiroga, advirtió que el nuevo gobierno «tendrá que entender que una nueva agenda comienza a regir». Lorgio Balcázar, gerente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, eligió un tono moderado. Habló de diálogo, de «mirar hacia el frente» y destacó que en la democracia boliviana hay nuevas mayorías.
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