La deuda millonaria que Venezuela mantiene con petroleras extranjeras pone en jaque los planes de Donald Trump para impulsar inversiones estadounidenses en el sector energético del país, ya que los reclamos pendientes, que superan los u$s30.000 millones, desalientan cualquier desembarco a corto plazo y reavivan viejos litigios internacionales.
La multimillonaria deuda petrolera que amenaza los planes de Donald Trump para reactivar Venezuela
Expropiaciones, juicios y reclamos por miles de millones de dólares frenan el regreso de las grandes petroleras y complican la estrategia energética de Estados Unidos en el país caribeño.
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Las deudas pendientes y la incertidumbre política desalientan nuevas inversiones y complican los planes de Trump para Venezuela.
Durante más de dos décadas, compañías petroleras de Estados Unidos y Europa intentaron recuperar compensaciones por los activos que les fueron expropiados durante el gobierno de Hugo Chávez. Ese pasivo histórico reaparece ahora como un obstáculo central para la estrategia de Trump, que busca que empresas norteamericanas vuelvan a extraer crudo en Venezuela para reactivar su economía y asegurar suministro energético.
Reclamos millonarios que siguen sin resolverse
Encabezando la lista de acreedores se encuentran Exxon Mobil y ConocoPhillips. La primera sostiene que Venezuela le debe alrededor de u$s20.000 millones, mientras que la segunda reclama unos u$s12.000 millones. Ambas compañías abandonaron el país a mediados de la década de 2000, cuando el gobierno chavista modificó unilateralmente las condiciones de explotación petrolera y redujo la participación extranjera sin ofrecer compensaciones adecuadas.
Antes de ese quiebre, las petroleras occidentales tenían una presencia clave en un país que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Sin embargo, los conflictos políticos, la corrupción y la mala gestión estatal provocaron un derrumbe sostenido de la producción, lo que terminó alejando a la mayoría de los inversores internacionales.
Las empresas afectadas iniciaron arbitrajes y demandas judiciales en tribunales internacionales y de Estados Unidos. “Son acciones que estigmatizan a un país”, explicó Shon Hiatt, director de la Iniciativa Zage de Negocios Energéticos de la Universidad del Sur de California. “Básicamente, es anunciarle a todo el mundo que nunca volverán a ese país”.
Chevron, la excepción en un escenario adverso
Chevron fue la única gran petrolera estadounidense que mantuvo operaciones en Venezuela. Esa decisión hoy la coloca en una posición ventajosa, ya que el gobierno de Trump presiona para ampliar la participación de empresas norteamericanas en el sector energético venezolano. Sin embargo, el resto de las compañías observa con cautela mientras los reclamos millonarios continúan sin resolverse.
ConocoPhillips, por ejemplo, podría recuperar parte de su deuda a través de la subasta judicial de Citgo, filial estadounidense de la petrolera estatal Pdvsa. Aunque varios fallos arbitrales le dieron la razón, transformar esas sentencias en dinero efectivo sigue siendo un proceso complejo y prolongado.
Exxon Mobil, en tanto, logró cobrar indemnizaciones parciales por proyectos específicos, pero la mayoría de sus reclamos continúa impaga. Venezuela, por su parte, rechaza gran parte de esas demandas y sostiene que debe montos mucho menores o directamente nada.
Un futuro incierto para la inversión energética
Trump aseguró que las petroleras estadounidenses “gastarán miles de millones de dólares” para reparar la infraestructura venezolana y reactivar la producción. No obstante, el contexto político, la detención de Nicolás Maduro y el peso de las deudas pendientes mantienen a los inversores en alerta.
El Banco Interamericano de Desarrollo estimó que recuperar la producción petrolera venezolana requeriría inversiones de al menos u$s10.000 millones anuales durante una década. Sin un acuerdo previo sobre las deudas históricas, ese objetivo aparece cada vez más lejano y amenaza con frustrar los ambiciosos planes energéticos de la Casa Blanca.
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