Como un "baño de sangre" condenó un portavoz de la ONU el reciente bombardeo con artillería pesada de las posiciones de los rebeldes tamiles en el norte de Sri Lanka, que costó la vida a unas 400 personas, según cifras de los insurgentes confinados en la zona.
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El portavoz de Naciones Unidas Gordon Weiss indicó que todavía no se sabe quién es el responsable de los ataques en la zona, que es el último reducto de los Tigres de Liberación de Tamil Eelam (LTTE).
"Podemos llamarlo un baño de sangre", dijo Weiss, que agregó que tanto el Ejército ceilanés como los LTTE están obligados por el derecho internacional a garantizar la seguridad de la población civil.
Los rebeldes denunciaron recientemente que el bombardeo con artillería pesada del Ejército había costado la vida a 400 personas y dejó heridas a otras 1.200.
Veerachchami Shanmugaraja, un médico que trabaja en la zona de combate, informó que se encontraron varios cadáveres más. Previamente, Shanmugaraja había hablado de 378 muertos.
El portavoz del Ministerio de Defensa, Keheliya Rambukwella, calificó los datos por su parte como "propaganda de los rebeldes" y acusó a los LTTE de haber disparado ellos mismos contra la población civil.
El funcionario de la ONU Weiss destacó sin embargo que también su organización confía en los datos del médico, ya que son "fiables". Las cifras no pueden ser confirmadas por otros observadores independientes o por periodistas, ya que el gobierno de Sri Lanka impide el acceso al último reducto rebelde, un área de unos cinco kilómetros cuadrados en la costa noreste del país.
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