La "Tomatina" volvió a teñir de rojo las calles de Buñol
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Lentes de buceo para proteger los ojos, gorros de baño -algunos con forma y color de tomate-, cáscaras de sandía a modo de sombrero, pelucas, monos de limpieza, pistolas de agua o raquetas ayudaron a los "lanzadores" a ganar terreno ante sus adversarios en esta particular batalla veraniega.
El estallido de un segundo cohete, disparado a las doce del mediodía, puso fin a la Tomatina, y los asistentes comenzaron a dirigirse al río para intentar limpiar con el agua los restos del tomate en sus cuerpos, pelo y ropa.
Mientras, otro río de color rojo recorría el pueblo, el provocado por las mangueras de los servicios de limpieza dedicados en pleno a borrar de fachadas y calles las huellas de los tomates.
Un ciudadano japonés sufrió un golpe fuerte en la cabeza cuando estaba siendo manteado por otros participantes, y tuvo que ser trasladado al hospital La Fe de la ciudad de Valencia, según informaron los servicios de Protección Civil.
Este fue el incidente más destacado durante una fiesta en la que se quintuplica la población del municipio.
El alcalde de Buñol, Fernando Giraldós, aseguró hoy que el Ayuntamiento tiene el reto de mejorar los accesos a la población, ya que cada año quiere acudir más gente a la Tomatina.
Aunque existe cierta polémica en torno al origen de esta celebración (1945), declarada de Interés Turístico en 2002, la historia más difundida cuenta que fue un grupo de amigos quien inició una batalla de tomates en la plaza del pueblo al paso de un desfile de gigantes y cabezudos.
De hecho, esta conmemoración no estuvo oficialmente permitida hasta 1959, y su organización no recayó en manos municipales hasta 1980.




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