13 de noviembre 2003 - 00:00

La tragedia del Líbano ahora parece que se repite en Irak

Este interesante artículo del periodista Lawrence Pintak -especializado en el mundo islámico por más de 20 años-, publicado por «Asia Times», traza una inquietante parábola entre los desafíos que enfrenta EE.UU. en Irak y los que lo llevaron hace 20 años a abandonar precipitadamente el Líbano. El artículo aborda temas cruciales para el futuro de la transición iraquí, entre ellos la relación entre la Casa Blanca y los líderes chiítas de ese país, así como la que mantiene con países como Siria, al que el Capitolio acaba de imponer duras sanciones.

Todo parecía tan simple. Enviar tropas de los Estados Unidos. Liberar y proteger a la población local. Instalar un gobierno prooccidental aceptable para todas las facciones. Construir una paz amplia en Medio Oriente. Luego partir entre los vítores de una ciudadanía agradecida.

Pero el encuentro del presidente Ronald Reagan con el Líbano no se dio con la suavidad que él esperaba. Ahora, dos décadas después, otra administración estadounidense está perdida en el mapa de la paz.

Para cualquiera con sentido de la historia, los recientes ataques suicidas en Irak evocan recuerdos del 23 de octubre de 1983, el día de la destrucción de las barracas de los marines norteamericanos en Beirut, Líbano, que se cobró la vida de 243 soldados, y de atentados similares en dos embajadas estadounidenses en esa ciudad.

• Cambio

Los estadounidenses gustan decir que el 11 de setiembre de 2001 «todo cambió». De hecho, ese cambio se produjo hace 20 años, aunque la gente en EE.UU. no lo supo en su momento. Con el colapso del cuartel de los marines, cayó también el mito de la invencibilidad estadounidense. Y con su muerte nació el terrorismo antinorteamericano moderno.

Antes del atentado de Beirut, los marines se encontraban sitiados. El continuo reguero de sangre estadounidense en las arenas de Irak recuerda la frustración y el temor de los soldados que no entendían contra quién combatían ni por qué.

«En el pasado, los terroristas han citado los ejemplos de Beirut y Somalia, señalando que si se logra dañar a los norteamericanos éstos escaparán al desafío», dijo a la nación el presidente
George W. Bush en su discurso del último setiembre. «Están equivocados», agregó.

Las lecciones de la historia cuentan algo diferente. El breve encuentro de EE.UU. con el Líbano duró menos de dos años. Pero ese tiempo fue suficiente para demostrar al mundo que
un puñado de hombres y mujeres, con unos cientos de libras de explosivos y la voluntad de sacrificar sus vidas, puede poner de rodillas a una superpotencia. Los militantes antinorteamericanos han aprendido la lección; no se puede decir lo mismo de los habitantes de la Casa Blanca.

La administración Reagan envió a los marines al Líbano para proteger a los musulmanes, pero terminó en guerra con ellos. Anunció que crearía una democracia, pero se terminó en un régimen de una minoría. Lanzó un plan de paz ambicioso para Medio Oriente, sólo para verlo fracasar debido a que Washington no pudo frenar a un gobierno israelí expansionista. Ahora todo esto puede estar pasando otra vez en Irak.

El secretario de Defensa,
Donald Rumsfeld, estuvo entre quienes implementaron esa política errada en el Líbano. Era enviado de la Casa Blanca a Medio Oriente cuando todo salió mal. Así es comprensible que él y otros formuladores de políticas, que están hoy otra vez en el poder, hayan estado influyendo para castigar a Hizbollah -el grupo chiíta culpado por el atentado a los marines- junto con sus patrones Irán y Siria.

• Apoyo

El apoyo chiíta es clave para el éxito estadounidense en Irak (esa comunidad es mayoritaria en el sur del país). Los neoconservadores que elaboran la estrategia de la Casa Blanca ignoran que una compleja red religiosa, política y familiar liga a los chiítas del Líbano, Irak e Irán. Un ataque estadounidense o israelí (apoyado por EE.UU.) a los chiítas libaneses -o iraníes- probablemente inflamará a los chiítas de Irak y allanará el camino al desastre.

Las acciones de los provocadores apoyados por Irán ayudaron a volcar a los chiítas del Líbano contra EE.UU. Ahora tratan de hacer lo mismo en Irak. Una guerra contra Hizbollah -particularmente una encabezada por Israel- caería justo en las manos de los radicales y chocaría con los intereses norteamericanos en Irak y en el mundo islámico. Pero, pese a las lecciones de la historia, la administración Bush parece decidida a presionar con una política para dar nueva forma a Medio Oriente tomando revancha de aquellos que han desafiado a EE.UU. en el pasado.

«Mantendremos el curso. Completaremos el trabajo», declaró Bush como parte de la nueva campaña de relaciones públicas del gobierno en torno de Irak. Reagan dijo algo muy parecido cuando los ataques suicidas comenzaron en Beirut.

Dejá tu comentario

Te puede interesar