Teherán y Luxemburgo (EFE, AFP, Reuters) - La presión estadounidense sobre el régimen integrista iraní sumó ayer dos apoyos clave. El de la Unión Europea (UE), que exigió «transparencia» a Teherán sobre sus programas nucleares y hasta amenazó con romper relaciones comerciales, y el de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), que denunció que el régimen del ayatollah Ali Khamenei le oculta información.
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El Consejo de Ministros de Exteriores de la UE exigió en una reunión en Luxemburgo que las autoridades iraníes firmen de forma «urgente e incondicional» el Protocolo Adicional de la AIEA, lo que permitiría al organismo llevar a cabo inspecciones sin previo aviso para poder comprobar que los planes nucleares iraníes están destinados a fines pacíficos y no militares.
Los Quince advirtieron que si no hay «avances positivos de este país en los ámbitos de respeto de los derechos humanos, no proliferación de armas nucleares, terrorismo y el proceso de paz en Medio Oriente», pueden complicarse acuerdos comerciales. «Esta puede considerarse la última advertencia que la UE lanza a Teherán antes de romper esas negociaciones» del acuerdo comercial y de cooperación económica, que se empezó a negociar en octubre de 2002, precisaron fuentes comunitarias.
La UE dejó en claro que «la naturaleza de algunos aspectos del programa nuclear de Irán provoca serios temores, en particular relacionados con el cierre del ciclo de combustible nuclear, especialmente la centrifugadora de uranio anunciada por el presidente Khatami (reformista moderado)».
Irán, por su parte, reaccionó presentando una protesta formal contra EE.UU., país al que considera injerente en sus asuntos internos. El Ministerio de Exteriores iraní dijo a través de su vocero, Hamid Reza Asefi, que Washington «interfiere flagrantemente en los asuntos internos de Irán», y lo acusó de «incumplir la Convención de Argelia», por lo que envió una carta de protesta a la embajada Suiza, país garante de los intereses estadounidenses en Teherán. Khamenei agregó que EE.UU. es «una montaña de hielo que se derrite», al recibir al presidente tayiko de visita oficial en el país.
Desde hace una semana, estudiantes intentan protestar contra el régimen teocrático, pero son reprimidos ferozmente por milicias islámicas Basij. Los manifestantes, que en un principio se juntaron para rechazar la privatización de universidades, protestaron tanto contra Khamenei como contra el supuesto aperturista presidente Mohammed Khatami, a quien consideran extremadamente moderado.
Khatami asumió en 1996 pero poco pudo hacer ante los sectores conservadores. Khamenei fue electo líder supremo en 1989 tras la muerte del fundador de la República Islámica de Irán, el ayatollah Khomeini.
El jefe de la Policía, Morteza Talaei, comunicó la detención de una treintena de personas más, a quienes calificó de jóvenes «gamberros y elementos antisociales», que fueron apresados en las inmediaciones del Parque Laleh, en el centro de Teherán.
• Detenciones
Agregó que la situación se encuentra ahora «bajo férreo control». En total, más de 250 personas, entre ellas periodistas y estudiantes, fueron detenidas en Teherán desde el inicio de las manifestaciones hace una semana, afirmaron en el Ministerio del Interior. «Todas las personas detenidas, excepto ese 35%, fueron liberadas», indicaron fuentes de esa cartera.
El programa atómico de Irán centró en Viena la reunión ordinaria de los 35 miembros de la AIEA. El titular del organismo, el egipcio Mohammed el Baradei, acusó a Irán de no informar a este organismo de «algunos materiales nucleares y sus actividades».
El único respaldo hacia Teherán provino de Rusia, que demandó a la AIEA una reacción «no politizada». Rusia, cuya ayuda al programa atómico iraní es el mayor escollo en las relaciones con Estados Unidos, hizo además un gesto de claro apoyo político al régimen de Teherán al abogar por que las protestas juveniles en Irán no «desestabilicen» al país. El viceministro de Exteriores ruso, Yuri Fetodov, pidió a la AIEA una «reacción sopesada y no politizada».
Rusia construye en Irán una planta atómica en la localidad de Bushehr, cerca del Golfo Pérsico, pese a las protestas de EE.UU.
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