Los "descuidos" de Bill Clinton
-
A pesar de las conversaciones de paz entre Israel y Líbano, Netanyahu advirtió que "seguirá atacando a Hezbolá"
-
El secretario de la OTAN aclaró por qué llamó "papi" a Trump
El primer indicio de la dudosa capacidad de Bill Clinton en cuestiones de seguridad nacional lo percibió Patterson el 13 de setiembre de 1996, cuando se percató de cuál era la auténtica pasión de Clinton: el golf. Pero nunca creyó que su devoción llegaría a tanto... «Señor, lo llama Sandy Berger (consejero de seguridad)», le dijo Patterson. «Dice que necesita una decisión sobre el ataque aéreo contra Irak». «Dígale que lo llamaré más tarde», respondió Clinton. Volvió a llamar Berger y el teniente coronel Patterson intentó ser más explícito: «Señor, Berger vuelve a llamar y dice que necesita una decisión rápida, que los pilotos están en sus cabinas, que las bombas están cargadas, y que estamos dejando escapar el manto protector de la noche». Según Patterson, Clinton lo miró irritadísimo, y le respondió: «Dile a Berger que lo llamaré en cuanto tenga la oportunidad». Acto seguido, colgó los palos de golf y se reunió con unos amigos para disfrutar de un torneo que transmitían por la tele. El presidente nunca llamó.
Aunque el mejor momento del libro es sin duda la anécdota del maletín nuclear, ocurrido en enero del '98, en mitad del escándalo Paula Jones. Clinton acababa de testificar ante el fiscal Starr, y el teniente coronel Patterson no veía el momento indicado para hablar con el presidente y actualizar los códigos nucleares (los mismos que servirían para activar el arsenal atómico norteamericano en caso de emergencia). Cuando Patterson pudo hablar finalmente con Clinton, el presidente le reconoció que había perdido su código secreto. «Lo buscaré, muchachos, y volveré con ustedes», les dijo a sus asesores militares. Patterson llegó a una peligrosa conclusión: «El mayor riesgo para la seguridad de este país es el propio presidente». Los descuidos de Clinton eran tan frecuentes que sus colaboradores se referían a sus deslices amorosos con el nombre en clave de «riesgos de seguridad».



Dejá tu comentario