30 de abril 2003 - 00:00

Los "descuidos" de Bill Clinton

Nueva York - El ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton vuelve a estar envuelto en un escándalo. Ahora lo acusan de haber comprometido seriamente la seguridad nacional debido a su personalidad despistada, que lo llevó a perder en una ocasión los códigos nucleares, a desperdiciar una inmejorable oportunidad para atacar a Bin Laden, o que demoró un ataque aéreo contra Irak por un partido de golf.

El delator no es otro que el teniente coronel Robert Buzz Patterson, portador del male-tín nuclear que acompañaba en todo momento al ex presidente, y testigo de una serie de descuidos que le hicieron pensar muy seriamente sobre la capacidad de Clinton como comandante en jefe.

Patterson acaba de publicar un libro, «Dereliction of Duty» (Abandono del deber), que se ubicó entre los cinco más vendidos en Estados Unidos. Patterson dijo que escribió sus memorias porque se sentía en deuda con su conciencia luego de los atentados del 11 de setiembre de 2001.

El primer indicio de la dudosa capacidad de Bill Clinton en cuestiones de seguridad nacional lo percibió Patterson el 13 de setiembre de 1996, cuando se percató de cuál era la auténtica pasión de Clinton: el golf
. Pero nunca creyó que su devoción llegaría a tanto... «Señor, lo llama Sandy Berger (consejero de seguridad)», le dijo Patterson. «Dice que necesita una decisión sobre el ataque aéreo contra Irak». «Dígale que lo llamaré más tarde», respondió Clinton. Volvió a llamar Berger y el teniente coronel Patterson intentó ser más explícito: «Señor, Berger vuelve a llamar y dice que necesita una decisión rápida, que los pilotos están en sus cabinas, que las bombas están cargadas, y que estamos dejando escapar el manto protector de la noche». Según Patterson, Clinton lo miró irritadísimo, y le respondió: «Dile a Berger que lo llamaré en cuanto tenga la oportunidad». Acto seguido, colgó los palos de golf y se reunió con unos amigos para disfrutar de un torneo que transmitían por la tele. El presidente nunca llamó.

Aunque el mejor momento del libro es sin duda la anécdota del maletín nuclear, ocurrido en enero del '98, en mitad del escándalo Paula Jones.
Clinton acababa de testificar ante el fiscal Starr, y el teniente coronel Patterson no veía el momento indicado para hablar con el presidente y actualizar los códigos nucleares (los mismos que servirían para activar el arsenal atómico norteamericano en caso de emergencia). Cuando Patterson pudo hablar finalmente con Clinton, el presidente le reconoció que había perdido su código secreto. «Lo buscaré, muchachos, y volveré con ustedes», les dijo a sus asesores militares. Patterson llegó a una peligrosa conclusión: «El mayor riesgo para la seguridad de este país es el propio presidente». Los descuidos de Clinton eran tan frecuentes que sus colaboradores se referían a sus deslices amorosos con el nombre en clave de «riesgos de seguridad».

«La Administración Clinton fue errática e inefectiva en cuestiones de seguridad nacional», asevera Patterson, que acusa parcialmente al presidente de haber allanado el camino al 11-S. «Nunca existió una línea clara ni una campa-ña contra el terrorismo inter-nacional».

El último episodio se remonta al otoño de 1998... «Se-ñor, tenemos localizado a Osama bin Laden y disponemos de una ventaja de dos horas para atacar», le dijo a Clinton Sandy Berger. El presidente respondió que necesitaba tiempo para «estudiar la situación». El plan para atacar se puso en marcha y los Toma-hawk apuntaban a su objetivo. Berger consumió su ansiedad en la Casa Blanca. La orden nunca llegó.

Dejá tu comentario

Te puede interesar