2 de septiembre 2005 - 00:00

Los evacuados viven un calvario

Nueva Orleans (ANSA, EFE, LF) - Sólo el característico olor penetrante de los cadáveres descompuestos distinguía ayer a los muertos de los vivos en el Centro de Convenciones de Nueva Orleans, a dos pasos del célebre Barrio Francés, donde miles de personas desesperadas por ayuda y agua compartían el espacio con decenas de cuerpos.

Cada vez que una cámara de televisión repasaba los rostros de los evacuados se escuchaba el mismo grito rítmico: «Ayuda, ayuda». «No se trata así ni siquiera a los animales», exclamó el reverendo Isaac Clark. A su lado, sobre la vereda del Centro de Convenciones, ancianos morían por falta de medicamentos y padres angustiados reclamaban leche para sus pequeños.

A las miles de muertes causadas por el huracán Katrina y las inundaciones que provocó, se están sumando ahora las de aquellos que perecen por falta de asistencia médica. «¿Dónde están los militares, están todos en Irak?», se preguntaba una mujer en silla de ruedas. Dos ancianas con evidentes muestras de agotamiento señalaron que estaban esperando sin comida para ser evacuadas desde hace días.

Entre la multitud que esperaba el milagro de un traslado se podían ver numerosos cadáveres que nadie sentía la responsabilidad de remover. Algunos cuerpos habían sido cubiertos con frazadas, otros estaban a la vista, a pocos metros de niños que jugaban con juguetes de plástico y muñecas.

El malestar de los evacuados se pudo detectar además en el creciente número de contenedores de basura a los que se prendía fuego. Asimismo, hubo testimonios de damnificados que aseguraron que había tiburones en las zonas inundadas.

• Seguridad precaria

Algunas de las personas acampadas en el exterior del Centro de Convenciones señalaron que la situación de seguridad allí es precaria, pero que durante la noche el peligro se multiplica con la aparición de grupos de jóvenes armados y bajo la influencia de bebidas alcohólicas o drogas. Además, alrededor del edificio se escucharon disparos, según declararon varios testigos.

Algunos refugiados tuvieron suerte y lograron subir a los colectivos que se dirigían a estadios en Houston y en San Antonio, en el estado de Texas, dejando atrás las insufribles condiciones de vida en el Superdome, donde los baños no funcionan, no hay aire acondicionado y la basura se amontona por doquier.

Otro grupo de personas, apiñadas en la parte trasera de una camioneta, expresaron su frustración por la falta de ayuda con gestos y palabras obscenas a la vez que gritaban que habían sido olvidados por las autoridades.

Cada vez preocupa más la posibilidad del estallido de epidemias
. El agua contaminada por los desechos cloacales invadió la ciudad, esparciendo parásitos que pueden provocar diarrea y vómitos a quienes entren en contacto con ellos.

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