Berlín - Populismo: doctrina política que se presenta como defensa de los interesesy aspiraciones del pueblo para conseguir su favor. La definición es clara y los políticos que la aplican destacan enseguida. No hace muchos años, el populismo llegó a la seria Austria de manos del carismático Jörg Haider, y ahora le tocó el turno a la también solemne Alemania. Edmund Stoiber, de 62 años, el líder de la Unión Social Cristiana (CSU), y Oskar Lafontaine, de 60, el candidato del Partido de la Izquierda a las elecciones del 18 de setiembre, son la cara y la cruz del nuevo populismo alemán. Stoiber, en lo que a la derecha se refiere, y Lafontaine, a la izquierda.
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Ambos están robando minutos de protagonismo en la campaña electoral a los mismísimos Gerhard Schröder (SPD) y Angela Merkel (CDU), y arremeten contra casi todos y todo con frases dignas de destacar.
«Hemos tenido un gobierno de derecha en los últimos años», dijo hace unos días Lafontaine, en referencia a la coalición de socialdemócratas (SPD) y verdes, en la que, precisamente, él mismo participó en 1999 como ministro de Finanzas, porque no hay que olvidar que Lafontaine fue presidente del SPD, formación que abandonó recientemente después de militar en ella nada menos que 39 años.
«Noacepto que sean los frustrados del Este quienes decidan el futuro político del país. Es una pena que no todos los alemanes sean tan inteligentes como los bávaros», gritó en un mitin Stoiber, primer ministro del Land o Estado federado de Baviera, en relación con el abultado número de germanoorientales que va a votar al Partido de la Izquierda de Lafontaine. Alemania del Este es el punto de encuentro (o, mejor dicho, de desencuentro) entre Lafontaine y Stoiber, y eso que el líder socialcristiano bávaro debería cuidar sus palabras, ya que la candidata que él mismo apoya en las elecciones, Angela Merkel (CDU), proviene de la ex RDA.
El hastío de los habitantes de Alemania oriental por el elevado desempleo y un nivel de vida mucho más bajo que sus conciudadanos del Oeste provocó que se vuelquen a favor de Lafontaine, quien les prometió introducir un salario mínimo de 1.000 euros, subir los impuestos a los ricos, sacar las tropas de Afganistán y eliminar todas las reformas socioeconómicas que empezó a poner en marcha el canciller Schröder.
De hecho, el Partido de la Izquierda es el único en la República Federal que está en contra de las reformas que se supone tienen que sacar a Alemania del hoyo económico en el que se encuentra enterrada. Si el resultado de los sondeos se mantiene, Lafontaine será el tercer candidato más votado en las legislativas germanas, con 8%, después de Merkel y Schröder, y antes que el verde Joschka Fischer y el liberal Guido Westerwelle.
Pero si su porcentaje es incluso más alto y el de Merkel y Schröder muy bajos, Lafontaine puede conducir a Alemania a una gran coalición entre los democristianos y socialcristianos de Merkel y los socialdemócratas de Schröder. ¿Por qué? Porque con Lafontaine nadie quiere pactar, ya que para el SPD es un traidor y para la CDU/CSU un extremista. Fue el gran ausente del duelo televisivo del día 12, donde estuvieron los seis líderes políticos más destacados, que dieron pie a un debate interesante, pero sin el morbo que le podría haber dado la participación del Napoléon del Sarre.
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